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lunes, 24 de julio de 2017

Teología moral para pre-adolescentes (caso real)

Por Fernando Hurtado

Para que una acción sea buena ha de reunir tres condiciones:

1)   Que la acción considerada en sí misma sea buena. O sea nunca será bueno el aborto, la eutanasia, o asesinato de una persona que sufre o no sufre. Nunca será bueno robar (aunque se robe a una persona muy rica, y yo sea pobre).  Nunca será bueno mentir. Nunca será buena la pereza, la impureza, la envidia, la crítica (en sus dos versiones: murmuración -se dice la verdad-  y calumnia -se miente-), etc. 

    Las acciones malas, son malas,  porque destruyen o amenazan grandes bienes del hombre, al hombre mismo. La personalidad se desfigura al hacer el mal, porque se hace –libremente- mentirosa, ladrona, homicida, etc. La persona mala tiene una personalidad deforme.

2)   Que el fin de la acción sea bueno. Las dos al mismo tiempo: que la acción en sí misma sea buena, y el fin también bueno. P.ej: un fin bueno no justifica realizar una acción mala. Es el famoso adagio” el fin no justifica los medios”, o “no se puede hacer un mal para conseguir un bien”.

3)   Que las circunstancias que rodean la acción sean buenas o indiferentes. Puedo ahorrar dinero trabajando, que es algo bueno, para estudiar ingeniería
    en  Madrid; o puedo ahorrar dinero para irme a Afganistán y alistarme como  talibán.

 Parecen la misma acción (trabajar) pero son dos, y muy distintas. 

a)    ahorrar dinero para ser ingeniero (buena)
b)   ahorrar dinero para ser talibán (mala)

El aborto es “un derecho de la mujer”, según las leyes españolas y de muchos otros países. Se suele decir que una mujer puede abortar si hay peligro para su salud, física o psicológica, si el niño ha sido concebido por una violación, o si va a nacer con taras físicas.

Abortar se llama ahora “interrumpir el embarazo”; cuidado no se te escape decir que es matar, o interrupción de la vida, o de la vida humana, porque te metes en un lío con los “kagebés” actuales. Pero... seamos valientes...

El aborto es matar a un hijo (aunque sea muy pequeño) en el seno materno.

Pero los padres, tenían serias dificultades económicas (o el bebé tenía el síndrome de Dawn, o tenía una dificultad respiratoria, o ella tenía 16 años)

La acción que nos sale es: mató a su hijo porque tenía serias dificultades económicas (o porque tenía el síndrome de Dawn, o tenía una dificultad respiratoria, o ella tenía 16 años).

Lo que sucedió en la clase  que impartía.

El aborto es matar al hijo ¿sí o no?  (Todos de acuerdo: sí)

Matar al hijo es malo. (Toda la clase, espontáneamente, está de acuerdo con que matar al hijo es malo.)

¿Puede ser bueno matar al hijo porque tenían graves dificultades económicas o porque iba a nacer enfermo? (Toda la clase grita: ¡¡¡no puede ser bueno!!!).

¿Y si la madre lo decide libremente? (¡¡¡Noooooo…!!!)

Es decir, la finalidad nunca hace buena una acción mala. Nunca he visto tanta unanimidad.


sábado, 22 de julio de 2017

Originalidad e identidad personal (Claves antropológicas frente a la masificación)

Este libro de Javier Barraca Mairal tiene que hacer frente a dos direcciones distintas que se dan teóricamente, y hoy con un nuevo desarrollo, en la antropología filosófica y en la sociología. Dónde poner el acento: si en lo individual o en lo comunitario. Por el título, parece que en lo primero, y lo confirma una cita de Oscar Wilde: “Sé tú mismo. Los demás papeles ya los desempeñan otros”.
Pero a la vez, el autor conoce bien la filosofía de Lévinas, para quien, como resume, “la clave de la identidad personal se encuentra paradójicamente en la alteridad”. Y añade: “Mi ser se engendra en su raíz desde lo otro que yo”. Esto puede ser verdad en el sentido biológico, pero no en el de la pretendida originalidad. Solo el yo es constructor del yo, aunque siempre en un conjunto de relaciones con los demás. Hay gran acuerdo en que el ser humano es un “ser con”, pero para el “con” primero hay que ser.
Si se quiere afirmar la identidad y la originalidad no hay más remedio que estar precavidos contra los intentos, siempre presentes, de anular el yo en presentaciones supuestamente comunitarias pero que no respetan lo propio de cada individuo. Y este libro trata también de eso, aunque quizá no con la suficiente extensión.
Barraca se apoya en los escritos de varios autores personalistas, pero la mayor presencia es la de su admirado profesor Alfonso López Quintás.
Se trata de un libro breve, con abundantes ejemplos tomados de la poesía, y especialmente del cine, lo que hace que la lectura sea muy amena.

Jane Austen, la escritora que supo descubrir las verdades del corazón

Se cumplen hoy 200 años de la muerte de Jane Austen, una de las escritoras británicas más populares, que abordó con gran perspicacia las relaciones humanas y supo descubrir las verdades del corazón. Una de sus obras, Persuasión, está considerada entre las cinco principales novelas del Reino Unido.
Ese relato de madurez, que habla del reencuentro después de siete años de dos jóvenes enamorados –Anne Elliot y el capitán Frederick Wentworth– no es la única obra de Austen que ha sido llevada al cine. También las demás continúan siendo una fuente inspiración para el séptimo arte.
Aunque no sea el criterio último de validez universal, las numerosísimas adaptaciones cinematográficas de la obra de Austen son indicio de que su obra no pasa de moda.
Ya en vida, y a pesar de que murió a los 41 años, Austen logró hacerse un hueco entre los famosos, y aunque al comienzo no firmaba sus novelas –utilizaba el presudónimo “Una señorita”–, acabó siendo apreciada en la Corte inglesa y alabada por el mismo Walter Scott.

Temas perennes

Los temas de Austen son perennes, y quizás resultan de particular actualidad hoy, ya que hablan de unas relaciones simbióticas entre los sexos, donde el hombre y la mujer trabajan juntos, se perfeccionan el uno al lado del otro, aunque sin caer en la ingenuidad de las novelas rosas, donde los problemas se obvian. En Austen, esa complementariedad de los sexos hace que acabe aflorando lo mejor de cada uno.
Un ejemplo sería el inolvidable relato de Fitzwillian Darcy y Elizabeth Bennet en Orgullo y prejucio, en el que ambos caracteres, a base de fricciones personales contadas con ingenio, van puliendo sus aristas hasta convertirse en personas “perfectly amiable”, como dirá Elizabeth al final sobre el orgulloso Darcy, al que se ha pasado la mitad de la novela denostando.
En el caso de Emma, la joven Emma Woodhouse solo piensa en promover matrimonios, aunque cometiendo errores ingenuos, y siempre cegada por su criterio. Y ese criterio equivocado va siendo enderezado con el trabajo paciente de George Knightley, otro noble rural que realmente la quiere y le abre los ojos sobre sus errores, a veces de manera muy dolorosa.

Paisajes de Hampshire

Austen nació en 1775 en el seno una familia de la baja nobleza rural en el pequeño pueblo de Steventon, condado de Hamphire, unos 89 kilómetros al sudeste de Londres. Es la séptima de ocho hermanos, seis de los cuales son varones, aunque su vida estará especialmente ligada a la de su hermana Cassandra, con la que vivirá hasta su muerte, en 1817.
Este entorno geográfico en Hampshire será el marco de sus obras, donde el elegante balneario de Bath o las ciudades costeras de Southampton, Bornemouth o Brighton salen una y otra vez a relucir en obras como Orgullo y prejucioMansfield Park o La abadía de Northanger.
Una importante biógrafa de Austen, Claire Tomalin, explica que el gusto por la literatura es mérito de su padre, el pastor anglicano George Austen, que hacía que sus hijos leyeran a Shakespeare en los ratos de tertulia en casa. Gracias a estas aficiones, la joven empieza a desarrollar su talento literio y, de muy joven, escribe su propia versión de la historia de Inglaterra, con tono cómico y provocador.
Austen nunca se casó, y tuvo supuestamente un idilio con un abogado escocés rabiosamente anticatólico, aunque aquello no prosperó. El verdadera alcance de este romance no esté muy claro. Lo cierto es que Austen se dedicó gran parte de su vida a servir a su familia, a los hijos de sus hermanos, a su madre enferma y a los demás. Llevada de su generosidad y espíritu cristiano, se dedicó a la beneficiencia en favor de los necesitados, y a afrontar su enfermedad con entereza.
En su lápida mortuoria, en la catedral de Winchester, se destaca su pureza de vida. Puede que sea un concepto lejano para muchos intelectuales de hoy, pero a los artífices de la tumba les pareció importante reseñarlo. Austen debió de cultivar hasta su muerte este estilo de vida. También ha trascendido su postura de confianza en Dios, al que en medio de su agonía pidió paciencia para soportar el sufrimiento.

Entre dos mundos

La BBC ha estrenado con motivo de bicentenario el documental Jane Austen: Behind Closed Doors, un recorrido detectivesco por los distintos inmuebles en lo que la escritora vivió y que influyeron en su creación. La autora del documental, Lucy Worsley, explica que Austen pasó gran parte de su vida “en este tipo de limbo, entre las riquezas y la pobreza gentil” y que “esta experiencia de vivir entre estos dos mundos informa en gran parte sus escritos”.
La estudiosa Paula Byrne, una intelectual católica que se dedica a la terapia contra el estrés a base de la literatura, ha publicado The Genius of Jane Austen: Her Love of Theatre and Why She Is a Hit in Hollywood (“El genio de Jane Austen: Su amor al teatro y por qué es un éxito en Hollywood”). Byrne ofrece ahí una mirada distinta de Austen, como amante de la farsa, lo cómico, el teatro y la juventud. Y también explora la razón de que sus novelas hayan dado lugar a tan excelentes películas.
En esta efemérides, la BBC ha tratado también sobre el mundo religioso de la escritora, algo que la biógrafa Tomalin no abordó en su importante semblanza. Llama la atención que Austen mantuvo una trato cercano con su cuñada Eliza de Feuillide, que abrazó el catolicismo al casarse en primeras nupcias con un francés. La escritora fue la única de la familia que acudió al funeral católico de Eliza.
Llama también la atención que en su historia de Inglaterra, Austen refleja a Enrique VIII y Isabel I, promotores de la reforma anglicana, con trazos que no los hace nada admirables, sino más bien todo lo contrario. ¿Se estaba refiriendo a la fractura social y religiosa que causaron estos monarcas Tudor? ¿Cómo podía permitirse eso la hija de una pastor anglicano?
Si Austen no tenía una escultura de tamaño natural hasta ahora, el condado de Hampshire instalará una en Basingstoke, a solo 20 kilómetros de su pueblo natal, y 30 kilómetros de donde yace enterrada.

sábado, 15 de julio de 2017

Leyes inspiradas en Hitler y Stalin

Algunos se creen que no hay nada más moderno ni avanzado que permitir que los hijos cambien de sexo sin contar con los padres; y que el colmo del progreso es que el Estado se haga cargo de la diversidad sexual de esos “pobres” niños, amenazada por la intransigencia y cerrazón de sus progenitores.
Lo irónico del caso es que eso tan progre, tan avanzado y tan democrático que defienden las leyes de adoctrinamiento LGTB de 11 comunidades autónomas en España, o la ley mordaza LGTB de Podemos, es un invento patentado por regímenes que no eran precisamente progres, avanzados ni democráticos...
Usurpar la patria potestad vulnerando el derecho de los padres a la educación de los hijos es lo que hizo la Rusia estalanista con los jóvenes Pioneros, capaces de delatar a sus progenitores como hizo Pavel Morozov que denunció al suyo por traidor; o la Alemania nazi en la que los niños entraban a los 10 años en el ‘Jungvolk’ (Pueblo Joven) y a los 14 años pasaban a las ‘Hitlerjügend’ (Juventudes Hitlerianas)... y si algún padre se le ocurría invocar el derecho a la educación ya te puedes imaginar dónde terminaba.
O más cerca en el tiempo, la Cuba de Castro, que lavaba el cerebro a los adolescentes, o la Venezuela de Chávez que pretendía que la educación no correspondía a los progenitores sino a la Revolución Bolivariana.
Asumir funciones que no le corresponde, adoctrinando al menor a espaldas e incluso en contra de los padres, no es una novedad que se le acaba de ocurrir al Gobierno de Ontario (Canadá) o a Pablo Iglesias, y su ley mordaza LGTB, sino que es un viejo anhelo de los regímenes totalitarios. Comienza por Stalin y llega hasta Venezuela, pasando por la China de Mao.
Se podría hacer referencia a muchos casos históricos, textos legislativos o declaraciones. Por ejemplo ésta: “Tu hijo, ahora, ya nos pertenece” hecha por un canciller alemán en 1933. Se llamaba Adolf Hitler.
En Alemania, 35  padres han sido condenados a cárcel por negarse a permitir que sus hijos reciban la educación sexual que quieren inculcarles los poderes públicos. Hace un año, no del 80…
En Canadá, una ley de protección a la infancia excluye la fe religiosa e introduce la identidad sexual del niño. La norma establece que a los padres que se opongan a la reasignación de género de su hijo o a cualquier tratamiento médico la Administración  les podrá retirar la patria potestad.
O, más cerca aún, las leyes de adoctrinamiento sexual españolas vulneran la libertad de educación recogida en la Constitución en estos términos: “los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.
Y lo más inquietante no es que esa pulsión estatalista impregne la ley mordaza LGTB de Podemos -dadas las raíces marxistas de Pablo Iglesias y que sus referentes ‘democráticos’ sean Chavez y Maduro-, sino que formaciones moderadas y menos sospechosas de liberticidas -como el Partido Popular- den pábulo a normas que aspiran a sustituir a papá y mamá por ‘papá Estado’.

jueves, 13 de julio de 2017

¿Qué hacemos con lo que nos sobra?: La cara oculta del consumo.

Por Rafael Serrano, Aceprensa, 5 de julio 2017

Después de comprar y usar o consumir, dejamos a nuestras espaldas una extensa huella. Bolsas de plástico, sobras de comida, ropa usada, aparatos que funcionan pero no son del último modelo… Y no solo ocurre en los países ricos: la basura es un problema mayor en los pobres. Pero en unos y en otros se multiplican las iniciativas para reciclar, reutilizar, prolongar la duración de los artículos, reducir vertidos. Gran parte de lo que desechamos tiene una segunda vida.




La Gran Isla de Basura en el Pacífico, formada por un inmenso cúmulo de desechos aglomerados por las corrientes, es un mito. Pero unos 8 millones de toneladas de plástico al año acaban en los océanos, según una estimación del World Economic Forum.

Una cantidad mayor aún se arroja en tierra firme. Los estadounidenses desechan unos cien millones de bolsas de plástico anuales. Ellas constituyen gran parte de la producción de plástico, que de 2010 a 2014 creció allí un 33%. En parte se debe al aumento de la extracción de petróleo, merced al fracking, que ha abaratado la materia prima.

No es cosa solo de ricos. Se suele decir que la demanda de plástico sube de 1,5 a 2 veces más deprisa que el PIB. A medida que los países en desarrollo mejoran el nivel de vida y se urbanizan, recurren más a ese material. Kenia se acerca ya a los 300 millones de bolsas nuevas por año, aunque en unidades por habitante, esa cantidad es ocho veces menor que la de la UE.

Ahora bien, aunque su nivel de consumo sea inferior, en los países en desarrollo hay enormes ciudades y poco reciclado, y por eso tienen los mayores vertederos del mundo. Lagos (Nigeria) produce unas 10.000 toneladas de desechos diarios, de los que quinientos trabajadores criban a mano menos de un tercio. Ghazipur, gigantesco basurero de Delhi, recibe 3.500 toneladas al día y acumula ya casi 10 millones de toneladas.

 

Chatarra tecnológica

 

Buena parte de los vertidos es materia orgánica, pues en el mundo se desperdicia de un cuarto a un tercio de los alimentos, calcula el Banco Mundial (ver Aceprensa, 7-03-2014). En los países en desarrollo, las pérdidas son casi todas en la producción, el almacenamiento y el transporte. En cambio, en los países desarrollados la mayor parte (61%) es arrojada por los consumidores (particulares, restaurantes…).

Hay también mucha chatarra tecnológica. Según un estudio de la Universidad de las Naciones Unidas, en 2014 se desecharon casi 42 millones de toneladas de equipos eléctricos y electrónicos, un 23% más que en 2010. Naturalmente, hay enormes diferencias entre lugares: la media mundial, 6 kg por habitante, está entre los 1,7 kg de África y los 22 kg de Estados Unidos. Pero algunos países en desarrollo tienen más basura electrónica que la que generan, pues los países ricos les exportan parte de la suya (ver Aceprensa, 24-06-2014), no siempre de modo legal.

En el mundo desarrollado, parte de los desechos electrónicos (el 15% o poco más) es tratado por los sistemas formales de recogida. Esto requiere trabajo manual para desmontar los aparatos; luego se recuperan los metales, plásticos y baterías, y al final queda un residuo inservible que se quema o vierte. Pero en los países pobres es común un reciclado de peor calidad, más peligroso para los operarios, y también para la población, porque se acaba vertiendo materiales tóxicos, como metales pesados o dioxinas emitidas por la incineración de PVC a temperatura relativamente baja. Los países de África meridional y oriental, que han sufrido eso durante años, han empezado a tomar medidas contra el vertido y la importación ilegal. El problema, por eso, se ha desplazado a la parte occidental del continente, donde aún hay menos rigor. Así, se cree que a Nigeria llegan 100.000 kg al año.

 

Prendas efímeras

 

Las compras mundiales de ropa han aumentado de 8 a 13 kg por persona desde 2000. Eso no necesariamente significa que vistamos mejor. Sin entrar a valorar la estética, la fast fashion (moda rápida), que permite renovar el vestuario varias veces por temporada sin necesidad de ser una estrella de cine, crea un problema ecológico. Llena los vertederos de prendas efímeras, que lo son no solo porque al poco tiempo resultan démodées, sino además por su peor calidad, con abundante fibra sintética; de hecho, esta representa ya dos tercios de las ventas mundiales de la industria textil. La producción de tales tejidos se ha multiplicado por casi veinte desde los años ochenta, mucho más que la población. Como los desechos de ropa usada: en Estados Unidos se han duplicado en veinte años, hasta 14 millones de toneladas anuales.

Las telas artificiales tardan mucho en biodegradarse y resulta difícil y caro reciclarlas. Tienen además menos valor en el mercado de segunda mano, y por eso han bajado el precio y la tasa de recogida de ropa usada. El reciclado de fibras naturales no llega tampoco muy lejos, por los procesos químicos a los que se las somete para hacer prendas con ellas (blanqueado, teñido, estampado, impermeabilización...).

Es más fácil retrasar la llegada al vertedero o a la incineradora convirtiendo la indumentaria desechada en trapos para usos industriales, o triturándola para que sirva de aislante en la construcción. En particular, la que se encuentra en buen estado se revende con descuento. África es el gran mercado de ropa de segunda mano, importada de Occidente, con la que se viste gran parte de la población-

Ese comercio se nutre sobre todo de excedentes, pero también de prendas que los compradores no llegaron a ponerse porque las devolvieron. Esto último ocurre igualmente con muchos otros artículos. En Estados Unidos, las devoluciones equivalen a aproximadamente el 8% de las ventas del comercio minorista. La proporción es mayor en la compra por Internet: hasta el 30% en la campaña de Navidad.

 

Iniciativas

 

El alud de desperdicios no es imparable. Se está aplicando una multitud de iniciativas, públicas o privadas, para contenerlo. Unas atacan el problema en la producción, para limitar excedentes; otras, en el consumo, para reducir los residuos; otras, en el tratamiento de desechos, para favorecer el reciclado y la reutilización.

En el caso de los alimentos, en el primer tiempo actúa Vital Fields, un sistema comercial de control de cultivos, que toma gran cantidad de datos y los procesa, para evitar tanto pérdidas como excedentes. XSense, de la empresa israelí BT9, vigila con sensores las condiciones a que están sometidos los alimentos durante el transporte, otra fase en que se generan desperdicios.
En los puntos de venta, un problema es el de los invendidos cercanos a la fecha límite de consumo preferente. Pero es sabido que el plazo se fija con notable margen de seguridad, y que una vez pasado, los alimentos aún se pueden tomar sin peligro. Por eso, desde el año pasado, Francia prohíbe a los supermercados descartar los comestibles próximos a caducar, así como estropearlos deliberadamente para impedir que se aprovechen y hagan bajar las ventas. Tienen que donarlos a un banco de alimentos o a otra organización benéfica. También en 2016, Italia aprobó una medida con el mismo fin; en su caso, son descuentos fiscales por donar.

En Dinamarca, la cadena de tiendas WeFood vende exclusivamente, con permiso de las autoridades, alimentos caducados o con envases dañados (ver Aceprensa, 11-03-2016).

Otras soluciones recurren a la tecnología para facilitar la colocación de alimentos excedentes. La aplicación Olio, nacida en Estados Unidos, conecta en red a los vecinos y los comercios de un barrio, para vender o intercambiar las sobras. Restaurantes y cafés daneses ofrecen las suyas al público con interesantes descuentos mediante otra aplicación, llamada Too Good To Go. La red FoodCloud comunica supermercados –más de 700 en el Reino Unido– con bancos de alimentos y albergues que pueden aprovechar los invendidos. Análogamente, la web sueca Matsmart es un comercio de excedentes alimentarios a bajo precio. Todo esto muestra que para buena parte de la comida sobrante hay otros destinos posibles distintos del vertedero.

 

Millones de bolsas

 

Contra la proliferación de bolsas de plástico se emplean prohibiciones o tasas, como las que se extienden en Europa (ver Aceprensa, 23-12-2016). Varios países de la UE no permiten a los supermercados y otros establecimientos regalar bolsas a los clientes. En Gran Bretaña, desde que se obligó a cobrarlas a 5 peniques, disminuyeron de modo espectacular en los primeros seis meses: de 7.600 millones de unidades en 2014 en las siete cadenas más grandes a 640 millones. Francia, por su parte, no permite entregar bolsas de menos de 10 litros y exige que las vajillas de un solo uso estén hecha con al menos un 50% de material biodegradable.

Ya vimos que también en África el plástico es un problema; también allí toman medidas. Ruanda es el primer país del continente que prohibió las bolsas de este material, en 2008. Kenia quiso hacer lo mismo antes, en 2007, y volvió a intentarlo cuatro años después; pero hubo de renunciar por la oposición interna y la incapacidad para hacer cumplir la orden. Este año ha vuelto a anunciarla. El precedente ruandés no es un completo éxito: siguen circulando bolsas de plástico por el país, introducidas ilegalmente desde el Congo. Kenia no tiene mejores posibilidades de cerrar las fronteras al contrabando.

Y en Estados Unidos ha comenzado un retroceso en la batalla contra las bolsas de plástico, no solo por el mencionado abaratamiento de la materia prima. Hay docenas de ciudades, como San Francisco, que las han prohibido, y otras –entre ellas, Nueva York y la capital federal– les han impuesto tasas. Pero seis estados han aprobado leyes contra tales prohibiciones. Ha influido la campaña de la industria del plástico, con el argumento de que los vetos municipales a sus productos ponen en peligro miles de empleos.

 

Reparar en vez de desechar

 

También hay una especie de fast fashion en electrónica: se fabrican aparatos de corta vida, o no se reparan, o los usuarios se pasan en seguida al último modelo. De ahí los intentos de que los artilugios que usamos duren más.

Desde 2014, Francia combate la obsolescencia programada. Los fabricantes de electrodomésticos deben declarar cuánto durarán sus productos y hasta qué fecha facilitarán piezas de recambio.
Suecia tiene en proyecto una bajada del IVA, del 25% al 12%, para los trabajos de reparación. Pretende aliviar la dificultad de que, fuera del caso de máquinas de precio elevado –un automóvil, una caldera…–, a menudo sale más caro arreglar un aparato que sustituirlo por uno nuevo.

Contra eso también han surgido iniciativas ciudadanas como Restart Project (Londres), una red de voluntarios que reparan y enseñan a reparar aparatos, y promueven el reciclado de los que no tienen arreglo. Para eso organizan reuniones a las que la gente lleva sus chismes estropeados: planchas, teléfonos, radios, ventiladores… con cualquier fallo que esté al alcance de un aficionado mañoso.

 

“Long fashion”

 

Frente a la fast fashion, ciertas marcas ofrecen prendas de alta calidad y larga duración, pero muy caras: un lujo al alcance de pocos que contribuye escasamente a reducir desechos (ver Aceprensa, 15-04-2016). Hay modos más asequibles de hacer durar la ropa, como cuenta The Wall Street Journal (16-02-2017).

Se toman unos modestos vaqueros para chica comprados a 10 dólares y, tras disfrutarlos por un tiempo, se les corta las perneras dejando los bordes deshilachados, se los decolora con lejía, se los adorna con unos broches y se los vende por 75 dólares a través de Poshmark, una aplicación para la reventa de ropa usada muy popular entre adolescentes norteamericanos. Ese y demás comercios semejantes, como Vinted o ThredUp, han alcanzado un volumen de ventas de unos 2.000 millones de dólares.

Se puede discutir de este reciclado casero si frena el consumismo o lo sublima, pero al menos retrasa la llegada al vertedero de muchas prendas dándoles una segunda vida en otros armarios. De hecho, en Estados Unidos ha bajado el gasto total en ropa juvenil, mientras ha subido en las demás categorías.
Pero el gran reto para reducir la basura indumentaria es reciclar. A ello se han lanzado empresas del sector como H&M, Levi’s o Patagonia, que han empezado a ofrecer prendas hechas en parte con algodón reciclado. H&M lo saca de las prendas usadas que los clientes depositan en contendedores de las tiendas, y a cambio son premiados con vales. Pero no logra, en su Conscious Collection, más de un 20% de fibra recuperada; Levi’s no ha querido hacer público a cuánto llega; Patagonia pierde dinero, conscientemente, con su proyecto.

 

Ética del consumo

 

De todas esas iniciativas, unas son leyes y regulaciones públicas; pero también las hay del sector privado, incluso de simples particulares que han tenido una idea y la han puesto en práctica. Esto sugiere bajar el problema de los desechos del plano general al de la responsabilidad personal. ¿Qué puede hacer uno para contribuir a que haya menos basura?

Podríamos empezar por plantearnos si no podríamos consumir menos. En el caso de los teléfonos móviles, cabe resistir la llamada del “último grito” y hacer durar más el que uno tiene antes de cambiarlo por otro con nuevas prestaciones que quizá no sean tan necesarias.

Las abundantes devoluciones en el comercio por Internet revelan, en parte, una actitud de los consumidores que podría cambiar. Muchos aprovechan la facilidad de encargar y la garantía de recuperar el dinero si el artículo no les satisface para comprar con ligereza: hasta encargando varias tallas de una prenda para devolver las que no sirvan. Esa comodidad tiene consecuencias, pues la previsión de devoluciones lleva a poner más unidades en el mercado, y en algunos casos, los artículos devueltos se retiran o destruyen para no dañar la marca.

Desechar aparatos sin intentar repararlos es otra práctica que sería bueno abandonar. También convendría renovar el vestuario con moderación, aunque la fast fashion permita y estimule otra cosa.
En fin, consumir es una acción de relevancia ética, que delata los principios y valores de la persona. Como dice el Papa Francisco en la encíclica Laudato si’ (n. 211): “Comportamientos que tienen una incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias (…) El hecho de reutilizar algo en lugar de desecharlo rápidamente, a partir de profundas motivaciones, puede ser un acto de amor que exprese nuestra propia dignidad”.


Banalización lúdica de la sexualidad


Después de publicar sobre la Banalización científica de la sexualidad, de Antonio Ruiz-Retegui, tal como prometí, añado ahora los párrafos que dedica a la Banalización lúdica, dentro de su artículo "Sobre la sexualidad humana", y una introducción al sentido humano de la sexualidad, del mismo autor.

La banalización lúdica, depende en cierto modo, de la científica y es como una consecuencia de ella. Las intervenciones técnicas en los procesos de generación, y en particular el desarrollo de la farmacología contraceptiva, permiten una separación casi total entre la generación y el uso de las facultades sexuales, tanto coporales como afectivas. La cuestión del aborto viene a advertir que esa separación no se ha logrado por completo. Pero el empeño por imponerlo muestra hasta qué punto se pretende que esa separación sea total. La sexualidad ha venido así a quedar como dividida en dos aspectos prácticos: por una parte la capacidad para engendrar, y por otra, completamente separada, la capacidad para gozar placeres específicos, desligados de cualquier otra significación humana. La intensidad y atractivo de esos placeres pueden utilizarse a voluntad como un elemento más, de los más poderosos, que determinan la conducta de los hombres. Pero ya no es más que un elemento de la "fisiología" de la sociedad que, en cuanto conocido y dominable, puede resultar tan útil para el dominio de las personas como la metalurgia es útil para la construcción de artefactos.

Es indudable que la erotización creciente de la sociedad, la procacidad desenfrenada, el impudor casi impuesto por las modas, en muchas ocasiones, no tienen nada en común con algunas formas aberrantes en sociedades primitivas. En éstas, esas manifestaciones reflejaban una visión trascendente de la sexualidad. En la actualidad esa referencia al misterio ha desaparecido y no queda más que una empobrecida visión de la sexualidad como capacidad de gozar y, derivadamente, como fuente de dominio de aquellos que tengan en sus manos alguna forma de poder sobre la comunicación y las formas de conducta.

 

Sentido humano de la sexualidad


Como se ha apuntado al comentar la reducción cientifista, la sexualidad no es un caso aislado en lo que se refiere a la pérdida de sentido. Tampoco la banalización lúdica ha afectado de modo exclusivo a la sexualidad. La cuestión de fondo es precisamente la relación con la realidad y, sobre todo, la relación con la propia humanidad del hombre, es decir, con el hombre en cuanto tal, en cuanto persona. Es esta relación la que determina la importancia o gravedad de esa trivialización cuando afecta a dimensiones de la existencia humana.

Es evidente, por otra parte, que en la compleja unidad del hombre hay diversas dimensiones que afectan de manera distinta a la propia persona. El valor o dignidad de la persona se expresa, o es involucrado, de un manera distinta en cada una de sus dimensiones. En cierto modo son inconmensurables, pero también es claro que hay dimensiones que involucran con más profundidad el ser mismo de la persona. Por esto, para ver la importancia de cada una de esas dimensiones y, consecuentemente, para detectar la peculiar gravedad de su violación, se requiere captar adecuadamente la manera cómo esa dimensión involucra la dignidad de la persona. Esto quiere decir que es necesaria la consideración atenta de cada una de esas dimensiones como dimensión de la persona humana, es decir, el estudio de esas dimensiones existenciales como expresiones del ser mismo de la persona y como articulación concreta de la vida de un ser absolutamente digno.

Sobre la sexualidad abundan, casi de modo excesivo, los estudios descriptivos y los análisis fenomenológicos y culturales. También en este aspecto se puede sufrir la embestida del cientifismo y su pasión por describir hechos, prescindiendo de toda consideración valorativa. Pero esto, en el fondo conduce a prescindir de si algo es significativo o no, es decir, a abandonar la significación o el interés de las cuestiones al ámbito emotivo o a la vigencia cultural. Las descripciones del fenómeno de la sexualidad, si se hacen abstractas, es decir, desligadas de la fuente de significación, pueden constituir un material científico que no muestre más interés que el de una colección ordenada y rigurosa "científicamente" de unos hechos cuya importancia de ningún modo está fundamentada científicamente.

Se requiere, pues, ahora adentrarse en el estudio de la significación humana de la sexualidad. Podremos entonces responder a las preguntas que, en este aspecto, son las decisivas:¿de qué modo la trivialización de la sexualidad supone una trivialización de la persona? O, dicho de modo positivo, ¿de qué modo la dignidad absoluta de la persona se expresa en la dimensión humana de la sexualidad?

No se trata primariamente de una reflexión moral, sino de una consideración antropológica. En la medida que la verdad del hombre resulte interpelante para la libertad, estas reflexiones derivarán en cuestiones propiamente morales.

martes, 11 de julio de 2017

A la boda, que vengan muchos y que echen una mano

Por Luis Luque, Aceprensa , Julio 2017

Casarse es necesariamente caro. O no. Lo es si la contrayente es, por ejemplo, la rica heredera de una transnacional de la metalurgia y sus parientes pretenden gastarse unos cuantos millones en rocambolescas escenografías y 300 botellas de Dom Perignon. No lo es si, como narra una joven estadounidense en un blog sobre el matrimonio, la familia y los amigos se vuelcan de corazón y ayudan con el vestido, el buqué, las flores, la tarta… “Esa perspectiva: que lo más importante es que estemos juntos, sigue marcando nuestras decisiones”, dice sobre su boda April, hoy una feliz madre de cuatro hijos.
El problema, sin embargo, es que en el imaginario colectivo, caro es sinónimo de éxito, de prosperidad, y en el tema de las celebraciones nupciales el nivel de gasto suele relacionarse con las perspectivas de la relación en sí. El listón está muy alto, advierte la articulista e investigadora Amber Lapp en la web del Institute for Family Studies.

Lapp ha explorado el asunto y, según cuenta, la mayoría de los jóvenes que ha entrevistado le han asegurado que no les interesa tener una boda cara, y que las celebraciones grandiosas se les antojan “pomposas y ridículas”. En opinión de los consultados, casarse puede ser un proceso bastante más sencillo, “pero las parejas –dice–, a menudo por respeto a ese ‘gran acuerdo’ que es el matrimonio, desean, comprensiblemente, marcar sus uniones con una ceremonia y una celebración”.
Estaría funcionando, además, un mecanismo de progreso social detrás del deseo de remarcar el momento. Las parejas de clase trabajadora, señala Lapp, se están esforzando por entrar en la clase media y gozar de su estabilidad, por lo que son muy sensibles a las normas que les rodean. El punto sería, pues, ayudar a esas parejas que no pueden permitirse grandes alegrías presupuestarias a celebrar una boda “como Dios manda”, que cumpla con los estándares de aceptabilidad por parte de la cultura reinante, sin tener que tirar la casa por la ventana.

Arrimar el hombro para abaratar costos

En su artículo, Lapp apunta algunas ideas que ayudarían a reforzar esta concepción. Una, para empezar, sería intentar modificar en algo las normas culturales. “La próxima vez que vayas a una boda, resístete a la tentación de compararla con otras, o de especular sobre su presupuesto. En lugar de alzar las cejas ante un presupuesto bajo, ¿no deberíamos comenzar a ver como de mal gusto que una pareja se gaste en un solo día más que lo que perciben los trabajadores de bajos salarios en todo un año laboral?”.
Por otra parte, menciona la posibilidad de que iglesias, negocios y organizaciones sin ánimo de lucro, nucleados en una suerte de cooperativas nupciales, ayuden a las parejas de economía modesta. Unos espacios cedidos gratuitamente para la fiesta por una iglesia local, un catering light –que no el banquete de las bodas de Camacho–, un fotógrafo que arrima el hombro y solidariamente toma vídeo e imagen, unos recién casados que fueron previamente apoyados y que acuden a la boda de estos otros a limpiar el sitio o a servir la comida a los invitados… De todo puede hacerse si hay gente dispuesta.
Por fortuna, lo de colaborar para reducir costos está cada día yendo más allá del “algo azul, algo viejo, algo prestado” que dicta la tradición, y el exclusivismo parece estar cediendo espacio a lo práctico. Marta, una psicóloga que se casó una mañana de junio de 2013, relataba un año después a El Paísque compartió el gasto de los adornos florales de la iglesia con una pareja que pasaría por el altar ese mismo día por la tarde, y que un amigo, muy diestro con la cámara fotográfica, le echó una mano. El vestido, de 2.400 euros, no quedó para alimentar polillas en su armario: la recién casada colgó la oferta en el portal Nuptialista y otra chica se lo llevó por 1.200 euros. Para esta, una ganga; para aquella, un alivio.

A apoyar a los novios, cuantos más mejor

Sea que el vestido haya sido de primera mano o de segunda, lo que verdaderamente habrá importado, pasado el momento, es haber estado rodeado de las personas indicadas. ¿Muchas? ¿Pocas? Aun sobre esto hay división.
Un estudio del National Marriage Project (NMP) de la Universidad de Virginia, citado por el Washington Post, trazó una línea de conexión entre los niveles de asistencia a las bodas de una muestra de 418 parejas y el grado de satisfacción conyugal de estas, medida según sus respuestas a preguntas sobre cómo marchaba la relación, si surgían o no pensamientos de divorcio, con qué frecuencia se hacían confidencias mutuas, etc. Asimismo, los investigadores establecieron una distinción entre quienes celebraron bodas tradicionales –con ceremonia, banquete, tarta y demás aderezos– y quienes sencillamente acudieron al ayuntamiento a firmar el contrato matrimonial “y adiós, muy buenas”.
El hallazgo fue que los contrayentes según el formato tradicional, aquellos a cuyo enlace acudieron más personas, revelaron mayores niveles de satisfacción en su vida conyugal. Los autores opinan que esto sucede porque el compromiso suele fortalecerse cuando se declara públicamente. Las personas –apuntan– se esfuerzan por mantener la coherencia entre lo que han declarado y lo que hacen, máxime si las palabras se han pronunciado en presencia de otros. Un argumento que, por otra parte, no sirve para generalizaciones, pues una simple ojeada al ¡Hola!, a los fastuosos casorios que allí se describen y que tiempo después acaban como el rosario de la aurora, lo desbarataría inmisericordemente.
Una opinión semejante a la de los expertos del NMP es la que sostienen los autores de otro estudio al que alude un despacho de CNN. Los investigadores, dos profesores de Economía de la Universidad de Emory, EE.UU., entrevistaron a 3.151 adultos y llegaron a la conclusión de que aquellos que habían celebrado bodas económicamente más discretas mantenían matrimonios más sólidos y presentaban menores tasas de divorcio.
Ahora bien, también ellos se apuntan a la abundancia de invitados. Los autores estiman que el éxito posterior de quienes han celebrado bodas económicamente “discretas” no está reñido con que vaya cuanta más gente mejor. Por una parte, refieren que quienes eligen un casamiento con un presupuesto ajustado suelen ser personas que encajan “perfectamente”, a las que, además, un casamiento frugal les ahorra unas cargas financieras que terminarían ejerciendo presión sobre el matrimonio. Por otra, explican que a mayor número de invitados, menor tasa de divorcio. “Ello puede ser una prueba del efecto de la comunidad: tener mayor apoyo de familiares y amigos puede ayudar a la pareja a vencer los retos del matrimonio”, añaden.

Una ceremonia cada vez más cara y personalizada

Amber Lapp, sin embargo, no se apunta a ciegas a la boda con asistencia multitudinaria. “Conozco bien –explica a Aceprensa– el estudio del NMP, y es realmente fascinante que dos realidades aparentemente contradictorias sean ciertas en relación con los casamientos. Es verdad que una boda con más invitados se asocia con una alta calidad del matrimonio, pero también lo es que el mayor gasto de dinero en ella se relaciona con un mayor riesgo de divorcio. Algo habrá que decir sobre las bodas con muchos asistentes y no demasiado caras, porque una celebración muy concurrida sugiere que los contrayentes tendrán más apoyo social por parte de la familia y los amigos, lo que es importante para la felicidad conyugal”.
Reconoce, sin embargo, que los deseos de tener una celebración de alto standing han ganado espacio, particularmente entre las parejas de bajos ingresos, en la misma medida en que los costos se han disparado. “Como reportó recientemente The USA Today, en los 10 últimos años el costo ha aumentado significativamente: de los 16.000 dólares por cada 110 invitados en 2006, a los 28.000 en 2016 (…). El tiempo promedio de preparación de la boda ha pasado de los ocho a los 13 meses, quizás para dar tiempo a la mayor planificación que requiere una boda a su medida”. Y cita literalmente al diario: “Hoy, las parejas quieren diferenciar sus bodas de las de otras con temas musicales y eventos más personalizados. Si hace diez años solo el 17% de las parejas tenían un tema musical para su boda, hoy el 50% cuentan con uno, mientras que una de cada 4 tiene un cóctel personalizado’”.
Para Amber, el cambio no es para bien: “Mis padres, que se casaron a principios de los 80, recuerdan que casi todos sus conocidos se habían casado en su iglesia, a lo que había seguido una pequeña recepción allí mismo con sándwiches y tarta. Las señoras de la iglesia ayudaban con la comida, y los costos eran mínimos. En la época de mis abuelos se discutía incluso menos sobre la celebración, y algunas parejas sencillamente se casaban al final del servicio dominical. Es una vergüenza que las normas culturales en torno a las bodas hayan cambiado tanto en una generación”.

¿Quién invita más en España?

El coste promedio de una boda en España se ha ido incrementando en los últimos años. Según el informe“Tópicos, retos, realidad y ficción. Estudio 360º del sector nupcial”, realizado por el profesor Carles Torrecilla, del ESADE, el costo actual está en el entorno de los 21.000 euros, mientras que en 2014 la Federación de Usuarios y Consumidores Independientes lo ubicaba en los 16.500 euros. Si para los contrayentes de renta baja el presupuesto inicial estimado es de unos 14.057 euros y el final de 14.870 (un 6% de diferencia), la desviación de los de renta media-alta es de los 20.296 euros a los 23.311 (un 15%).
Entre otros datos de la investigación sobresale que los motivos para casarse son, en primer lugar, el querer dar un paso más en la relación (70,8%), seguido por el deseo de formalizar el vínculo por los hijos (8,4%) y el tener hijos pronto (6,9%). Además, se ha detectado que el 91% de las parejas busca ideas para su enlace en sitios de Internet, un 68% utiliza la red para dar con proveedores de productos y servicios, y un 62% lo hace para ver opiniones. Un aspecto más, el del número de invitados, revela que la crisis ha ayudado a reajustar la cifra en unos 130. Entre las parejas de mayores ingresos el número es aún más bajo: 109.

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