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domingo, 28 de marzo de 2010

El escándalo es el Catolicismo

ana marta gonzález, directora de  culture& lifestyle del social trends navarra

It's Catholicism Itself, Stupid!" Con ese eficaz título, Michael Wolff comenta las polémicas de estas semanas y concluye que el problema no son los casos de abuso sexual, sino la misma Iglesia. Su propia columna es una muestra de esa afirmación, pues el periodista norteamericano arremete contra el molino de viento de una Iglesia que -en su visión- es (prácticamente) el peor enemigo de la humanidad. Me parece un buen ejemplo de un tipo de críticas que están abundando durante estas semanas.

Si de verdad el punto central fuera la crisis y las víctimas, supongo que sería oportuno -al menos, como investigación periodística- hacer alguna referencia al problema de la homosexualidad dentro del clero. Es obvio que pederastia y homosexualidad no es la misma cosa. En algunos casos, sin embargo, hay una relación: según los estudios de Philiph Jenkins (el único estudioso que ofrece estadísticas sobre este tema, citadas por Introvigne), el noventa por ciento de los sacerdotes católicos condenados por abusos a menores son homosexuales.

Sorprende que la atención se haya desviado, por ejemplo, hacia el celibato. “Si en la Iglesia católica ha habido efectivamente un problema, subraya Introvigne, éste no ha sido el celibato sino una cierta tolerancia de la homosexualidad en los seminarios, particularmente en los años '70, cuando se ordenó la mayor parte de los sacerdotes que luego fueron condenados por abusos. Es un problema que Benedicto XVI está corrigiendo vigorosamente”.

Junto a silencios y lagunas, está muy presente en la información de estos días un peculiar mecanismo desinformativo que podríamos definir como la insinuación convertida en dato. Me refiero a cómo se vuelven a utilizar como datos ciertos e incontrovertibles algunas insinuaciones o simples calumnias publicadas en el pasado, aún cercano, a pesar de que resultara clara su falsedad. Un ejemplo entre muchos: leo que un comentarista español afirma que “la campanada mayor ha sido en Alemania, donde hasta el propio Papa, cuando era obispo, tapó algún caso de pederastia sacerdotal”.

No dudo de que hay gente trabajando para ver si descubre un solo caso “tapado” por el Papa cuando era obispos de Munich, pero el episodio que ha salido en la prensa (y del que ya hablaron los periódicos en 1986) no es precisamente la demostración. (Aunque es sabido, vale la pena repetirlo: el sacerdote cometió los actos, fue acusado y condenado cuando el cardenal Ratzinger llevaba ya años en Roma). “¡El escándalo es el catolicismo, estúpido!”

Abusos sexuales y homosexuales incontinentes

entrevista de ricardo estarriol a hans-ludwing króber, director del instituto de psiquiatría forense de la universidad libre de berlín

El Prof. Hans-Ludwig Kröber es ateo. Director del Instituto de Psiquiatría Forense de la Universidad Libre de Berlín, es uno de los más prestigiosos profesores de su especialidad en Alemania. Preguntado sobre los abusos de menores cometidos por clérigos o religiosos, de los que se habla en las últimas semanas, niega que el problema tenga su origen en el celibato. La probabilidad de que un célibe cometa un abuso sexual es de uno contra 40, dice. El problema viene más bien de que los culpables son homosexuales incontinentes.

Kröber enseña e investiga en la “Charité”, que es una clínica conjunta de la Universidad Libre de Berlín y de la Universidad Humbold. Más de la mitad de los premios Nobel alemanes proceden de esta institución.

Sus declaraciones tienen particular interés porque Kröber, que en su juventud militó en la juventud comunista, se proclama públicamente ateo, aunque sus investigaciones son altamente apreciadas en la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano. El Instituto de Kröber lleva a cabo estudios permanentes sobre antiguos casos de paidofilia, todos los años emite dictámenes sobre los autores y las víctimas de delitos de abuso sexual de menores.

El profesor de ocupó personalmente de la problemática de los eclesiásticos cuando formó parte en 2003 de una comisión de expertos creada por el Vaticano.

En el curso de sus declaraciones, Kröber asegura que “el verdadero problema de la Iglesia católica son sobre todo los sacerdotes homosexuales que no son capaces de vivir o que no quieren vivir la abstinencia sexual y que al mismo tiempo intentan disimularlo, de forma que a veces mantienen relaciones con homosexuales de sectores socialmente marginados”. Las investigaciones llevadas a cabo por el profesor le han convencido también de que “otra fuente de problemas son los sacerdotes que mantienen relaciones heterosexuales”, si bien reconoce que las comunidades parroquiales de
Alemania tienden a tener más comprensión frente a los sacerdotes que tienen una concubina.

“Naturalmente que siempre es posible combatir el celibato y defender el punto de vista de Lutero; pero, en vista de que los delincuentes de abusos sexuales con menores son extraordinariamente raros entre las personas celibatarias, en ningún caso puede decirse que el celibato es la causa de la paidofilia”. “El típico paidófilo no es en ningún caso una persona que se esfuerza por vivir la abstinencia sexual”, concluye Kröber.

La atención se centra en los menos peligrosos
Lo que más preocupa al profesor alemán, que ha emitido dictámenes en juicios famosos –por ejemplo, sobre el terrorista Christian Klar de la Rote Armee Fraktion (RAF)– es que se atrae la atención de la opinión pública al sector menos peligroso para los menores, por lo menos en Alemania. “Puestos a emitir hipótesis de sospecha habría que tener en cuenta que el riesgo es mayor en un club deportivo y que el nuevo compañero de una madre soltera o divorciada puede ser un mayor peligro para un menor, tanto por lo que se refiere a la violencia como el abuso sexual”.

“No sería necesario demostrar estadísticamente que el celibato no causa la paidofilia (si bien, naturalmente, algunos paidófilos optan por el celibato), de la misma manera que tampoco es necesario hacerlo en el caso de un entrenador de fútbol o de un peluquero”, dice Kröber, argumentando que “se trata de un hecho probado por la medicina del sexo, lo mismo como el besar no es la causa del embarazo y la masturbación no produce un reblandecimiento de la columna vertebral”.

Los auténticos paidófilos son personas que tuvieron ya una viva actividad sexual precoz y no personas adultas con un “superproducción hormonal” por falta de pareja. La creencia de que la falta de pareja tarde o temprano desemboca en la pérdida de la orientación sexual original es “científicamente una tontería”.

Según Kröber, que basa sus afirmaciones en estadísticas procedentes de los tribunales alemanes y de la Iglesia, nadie se vuelve paidófilo por carecer de contactos sexuales con una persona adulta. “Después de una fase abstinencia sexual, uno no empieza de repente a soñar en menores y deja de soñar en mujeres atractivas: para un varón heterosexual los niños son y serán sin interés”.

En un detallado estudio estadístico, Kröber demuestra que la probabilidad de que un célibe cometa un abuso sexual en Alemania es de 1 contra 40. Desde 1995 sólo un 0,045% de los autores en casos de sospecha por abusos sexuales registrados en Alemania son sacerdotes o religiosos. En concreto y en el caso de abusos sexuales de menores, el estudio demuestra que la proporción de delincuentes célibes eclesiásticos en comparación personas no célibes es de uno contra 40 (partiendo de la sospecha de delito) y de uno contra 22 en el caso de casos sentenciados.

A Kröber le llama la atención que, después de ocho semanas de debate público no se haya sacado a la luz ninguna sospecha de delito registrado en los últimos años. El hecho de que ahora se documenten hechos ocurridos en 1952 demuestra las dificultades con que tropiezan los hablan de una epidemia de paidofilia (actual) de eclesiásticos. En el Colegio Canisiano de Alemania ha sido preciso retroceder veinte años para detectar tres casos sospechosos. De los 9.500 delitos de este tipo registrados en Berlín desde 1995 no hay ningún caso relacionado con colegios de los jesuitas.

sábado, 27 de marzo de 2010

Carta pastoral de Benedicto XVI a los católicos de Irlanda

“Reconocer en primer lugar ante Dios y ante los demás, los graves pecados cometidos”.
1. Queridos hermanos y hermanas de la Iglesia en Irlanda: os escribo con gran preocupación como Pastor de la Iglesia universal. Al igual que vosotros estoy profundamente consternado por las noticias concernientes al abuso de niños y jóvenes indefensos por parte de miembros de la Iglesia en Irlanda, especialmente sacerdotes y religiosos. Comparto la desazón y el sentimiento de traición que muchos de vosotros experimentaron al enterarse de esos actos pecaminosos y criminales y del modo en que fueron afrontados por las autoridades de la Iglesia en Irlanda.


        Como sabéis, invité hace poco a los obispos de Irlanda a una reunión en Roma para que informasen sobre cómo abordaron esas cuestiones en el pasado e indicasen los pasos que habían dado para hacer frente a una situación tan grave. Junto con algunos altos prelados de la Curia Romana escuché lo que tenían que decir, tanto individualmente como en grupo, sea sobre el análisis de los errores cometidos y las lecciones aprendidas, que sobre la descripción de los programas y procedimientos actualmente en curso. Nuestras discusiones fueron francas y constructivas. Estoy seguro de que, como resultado, los obispos están ahora en una posición más fuerte para continuar la tarea de reparar las injusticias del pasado y de abordar cuestiones más amplias relacionadas con el abuso de los niños de manera conforme con las exigencias de la justicia y las enseñanzas del Evangelio.


        2. Por mi parte, teniendo en cuenta la gravedad de estos delitos y la respuesta a menudo inadecuada que han recibido por parte de las autoridades eclesiásticas de vuestro país, he decidido escribir esta carta pastoral para expresaros mi cercanía, y proponeros un camino de curación, renovación y reparación.


        Es verdad, como han observado muchas personas en vuestro país, que el problema de abuso de menores no es específico de Irlanda o de la Iglesia. Sin embargo, la tarea que tenéis ahora por delante es la de hacer frente al problema de los abusos ocurridos dentro de la comunidad católica de Irlanda y de hacerlo con coraje y determinación. Que nadie se imagine que esta dolorosa situación se resuelva pronto. Se han dado pasos positivos pero todavía queda mucho por hacer. Necesitamos perseverancia y oración, con gran fe en la fuerza salvadora de la gracia de Dios.


        Al mismo tiempo, debo también expresar mi convicción de que para recuperarse de esta dolorosa herida, la Iglesia en Irlanda, debe reconocer en primer lugar ante Dios y ante los demás, los graves pecados cometidos contra niños indefensos. Ese reconocimiento, junto con un sincero pesar por el daño causado a las víctimas y sus familias, debe desembocar en un esfuerzo conjunto para garantizar que en el futuro los niños estén protegidos de semejantes delitos.


        Mientras os enfrentáis a los retos de este momento, os pido que recordéis la "roca de la que fuisteis tallados" (Isaías 51, 1). Reflexionad sobre la generosa y a menudo heroica contribución ofrecida a la Iglesia y a la humanidad por generaciones de hombres y mujeres irlandeses, y haced que de esa reflexión brote el impulso para un honesto examen de conciencia personal y para un sólido programa de renovación de la Iglesia y el individuo. Rezo para que, asistida por la intercesión de sus numerosos santos y purificada por la penitencia, la Iglesia en Irlanda supere esta crisis y vuelve a ser una vez más testimonio convincente de la verdad y la bondad de Dios Todopoderoso, que se manifiesta en su Hijo Jesucristo.


        3. A lo largo de la historia, los católicos irlandeses han demostrado ser, tanto en su patria como fuera de ella, una fuerza motriz del bien. Monjes celtas como san Columba difundieron el evangelio en Europa occidental y sentaron las bases de la cultura monástica medieval. Los ideales de santidad, caridad y sabiduría trascendente, nacidos de la fe cristiana, quedaron plasmados en la construcción de iglesias y monasterios y en la creación de escuelas, bibliotecas y hospitales, que contribuyeron a consolidar la identidad espiritual de Europa. Aquellos misioneros irlandeses debían su fuerza y su inspiración a la firmeza de su fe, al fuerte liderazgo y a la rectitud moral de la Iglesia en su tierra natal.


        A partir del siglo XVI, los católicos en Irlanda atravesaron por un largo período de persecución, durante el cual lucharon por mantener viva la llama de la fe en circunstancias difíciles y peligrosas. San Oliver Plunkett, mártir y arzobispo de Armagh, es el ejemplo más famoso de una multitud de valerosos hijos e hijas de Irlanda dispuestos a dar su vida por la fidelidad al Evangelio. Después de la Emancipación Católica, la Iglesia fue libre de nuevo para volver a crecer. Las familias y un sinfín de personas que habían conservado la fe en el momento de la prueba se convirtieron en la chispa de un gran renacimiento del catolicismo irlandés en el siglo XIX. La iglesia escolarizaba, especialmente a los pobres, lo que supuso una importante contribución a la sociedad irlandesa. Entre los frutos de las nuevas escuelas católicas se cuenta el aumento de las vocaciones: generaciones de sacerdotes misioneros, hermanas y hermanos, dejaron su patria para servir en todos los continentes, sobre todo en mundo de habla inglesa. Eran excepcionales, no sólo por la vastedad de su número, sino también por la fuerza de la fe y la solidez de su compromiso pastoral. Muchas diócesis, especialmente en África, América y Australia, se han beneficiado de la presencia de clérigos y religiosos irlandeses, que predicaron el Evangelio y fundaron parroquias, escuelas y universidades, clínicas y hospitales, abiertas tanto a los católicos, como al resto de la sociedad, prestando una atención particular a las necesidades de los pobres.


        En casi todas las familias irlandesas, ha habido siempre alguien –un hijo o una hija, una tía o un tío– que dieron sus vidas a la Iglesia. Con razón, las familias irlandesas tienen un gran respeto y afecto por sus seres queridos que dedicaron la vida a Cristo, compartiendo el don de la fe con los demás y traduciéndola en acciones sirviendo con amor a Dios y al prójimo.


        4. En las últimas décadas, sin embargo, la Iglesia en vuestro país ha tenido que enfrentarse a nuevos y graves retos para la fe debidos a la rápida transformación y secularización de la sociedad irlandesa. El cambio social ha sido muy veloz y a menudo ha repercutido adversamente en la tradicional adhesión de las personas a las enseñanzas y valores católicos. Asimismo, las prácticas sacramentales y devocionales que sustentan la fe y la hacen crecer, como la confesión frecuente, la oración diaria y los retiros anuales se dejaron, con frecuencia, de lado.


        También fue significativa en este período la tendencia, incluso por parte de los sacerdotes y religiosos, a adoptar formas de pensamiento y de juicio de la realidad secular sin referencia suficiente al Evangelio. El programa de renovación propuesto por el Concilio Vaticano II fue a veces mal entendido y, además, a la luz de los profundos cambios sociales que estaban teniendo lugar, no era nada fácil discernir la mejor manera de realizarlo. En particular, hubo una tendencia, motivada por buenas intenciones, pero equivocada, de evitar los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares. En este contexto general debemos tratar de entender el inquietante problema de abuso sexual de niños, que ha contribuido no poco al debilitamiento de la fe y la pérdida de respeto por la Iglesia y sus enseñanzas.


        Sólo examinando cuidadosamente los numerosos elementos que han dado lugar a la crisis actual es posible efectuar un diagnóstico claro de las causas y encontrar las soluciones eficaces. Ciertamente, entre los factores que han contribuido a ella, podemos enumerar: los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados, la tendencia de la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y una preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos cuyo resultado fue la falta de aplicación de las penas canónicas en vigor y de la salvaguardia de la dignidad de cada persona. Es necesaria una acción urgente para contrarrestar estos factores, que han tenido consecuencias tan trágicas para la vida de las víctimas y sus familias y han obscurecido tanto la luz del Evangelio, como no lo habían hecho siglos de persecución.


        5. En varias ocasiones, desde mi elección a la Sede de Pedro, me he encontrado con víctimas de abusos sexuales y estoy dispuesto a seguir haciéndolo en futuro. He hablado con ellos, he escuchado sus historias, he constatado su sufrimiento, he rezado con ellos y por ellos. Anteriormente en mi pontificado, preocupado por abordar esta cuestión, pedí a los obispos de Irlanda, durante la visita ad limina de 2006 que "establecieran la verdad de lo ocurrido en el pasado y tomasen todas las medidas necesarias para evitar que sucediera de nuevo, para asegurar que los principios de justicia sean plenamente respetados y, sobre todo, para curar a las víctimas y a todos los afectados por estos crímenes atroces" (Discurso a los obispos de Irlanda, el 28 de octubre de 2006).


        Con esta carta, quiero exhortaros a todos vosotros, como pueblo de Dios en Irlanda, a reflexionar sobre las heridas infligidas al cuerpo de Cristo, los remedios necesarios y a veces dolorosos, para vendarlas y curarlas , y la necesidad de la unidad, la caridad y la ayuda mutua en el largo proceso de recuperación y renovación eclesial. Me dirijo ahora a vosotros con palabras que me salen del corazón, y quiero hablar a cada uno de vosotros y a todos vosotros como hermanos y hermanas en el Señor.


6. A las víctimas de abusos y a sus familias
        Habéis sufrido inmensamente y me apesadumbra tanto. Sé que nada puede borrar el mal que habéis soportado. Vuestra confianza ha sido traicionada y violada vuestra dignidad. Muchos de vosotros han experimentado que cuando tuvieron el valor suficiente para hablar de lo que les había pasado, nadie quería escucharlos. Aquellos que sufrieron abusos en los internados deben haber sentido que no había manera de escapar de su dolor. Es comprensible que os sea difícil perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre, expreso abiertamente la vergüenza y el remordimiento que sentimos todos. Al mismo tiempo, os pido que no perdáis la esperanza. En la comunión con la Iglesia es donde nos encontramos con la persona de Jesucristo, que fue Él mismo una víctima de la injusticia y el pecado. Como vosotros aún lleva las heridas de su sufrimiento injusto. Él entiende la profundidad de vuestro dolor y la persistencia de su efecto en vuestras vidas y vuestras relaciones con los demás, incluyendo vuestra relación con la Iglesia.


        Sé que a algunos de vosotros les resulta difícil incluso entrar en una iglesia después de lo que ha sucedido. Sin embargo, las heridas de Cristo, transformadas por su sufrimiento redentor, son los instrumentos que han roto el poder del mal y nos hacen renacer a la vida y la esperanza. Creo firmemente en el poder curativo de su amor sacrificial –incluso en las situaciones más oscuras y desesperadas– que libera y trae la promesa de un nuevo comienzo.


        Al dirigirme a vosotros como un pastor, preocupado por el bienestar de todos los hijos de Dios, os pido humildemente que reflexionéis sobre lo que he dicho. Ruego que, acercándoos a Cristo y participando en la vida de su Iglesia –una Iglesia purificada por la penitencia y renovada en la caridad pastoral– podáis descubrir de nuevo el amor infinito de Cristo por cada uno de vosotros. Estoy seguro de que de esta manera seréis capaces de encontrar reconciliación, profunda curación interior y paz.


7. A los sacerdotes y religiosos que han abusado de niños
        Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos. Habéis perdido la estima de la gente de Irlanda y arrojado vergüenza y deshonor sobre vuestros semejantes. Aquellos de vosotros que son sacerdotes han violado la santidad del sacramento del Orden, en el que Cristo mismo se hace presente en nosotros y en nuestras acciones. Junto con el inmenso daño causado a las víctimas, un daño enorme se ha hecho a la Iglesia y a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa.


        Os exhorto a examinar vuestra conciencia, a asumir la responsabilidad de los pecados que habéis cometido y a expresar con humildad vuestro pesar. El arrepentimiento sincero abre la puerta al perdón de Dios y a la gracia de la verdadera enmienda.


        Debéis tratar de expiar personalmente vuestras acciones ofreciendo oraciones y penitencias por aquellos que habéis ofendido. El sacrificio redentor de Cristo tiene el poder de perdonar incluso el más grave de los pecados y extraer el bien incluso del más terrible de los males. Al mismo tiempo, la justicia de Dios nos llama a dar cuenta de nuestras acciones sin ocultar nada. Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia, pero no desesperéis de la misericordia de Dios.


A los padres
        Os habéis sentido profundamente indignados y conmocionados al conocer los hechos terribles que sucedían en lo que debía haber sido el entorno más seguro para todos. En el mundo de hoy no es fácil construir un hogar y educar a los hijos. Se merecen crecer con seguridad, cariño y amor, con un fuerte sentido de su identidad y su valor. Tienen derecho a ser educados en los auténticos valores morales enraizados en la dignidad de la persona humana, a inspirarse en la verdad de nuestra fe católica y a aprender los patrones de comportamiento y acción que lleven a la sana autoestima y la felicidad duradera. Esta tarea noble pero exigente está confiada en primer lugar a vosotros, padres. Os invito a desempeñar vuestro papel para garantizar a los niños los mejores cuidados posibles, tanto en el hogar como en la sociedad en general, mientras la Iglesia, por su parte, sigue aplicando las medidas adoptadas en los últimos años para proteger a los jóvenes en los ambientes parroquiales y escolares. Os aseguro que estoy cerca de vosotros y os ofrezco el apoyo de mis oraciones mientras cumplís vuestras grandes responsabilidades.


A los niños y jóvenes de Irlanda
        Quiero dirigiros una palabra especial de aliento. Vuestra experiencia de la Iglesia es muy diferente de la de vuestros padres y abuelos. El mundo ha cambiado desde que ellos tenían vuestra edad. Sin embargo, todas las personas, en cada generación están llamadas a recorrer el mismo camino durante la vida, cualesquiera que sean las circunstancias. Todos estamos escandalizados por los pecados y errores de algunos miembros de la Iglesia, en particular de los que fueron elegidos especialmente para guiar y servir a los jóvenes. Pero es en la Iglesia donde encontraréis a Jesucristo que es el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Hb 13, 8). Él os ama y se entregó por vosotros en la cruz. ¡Buscad una relación personal con Él dentro de la comunión de su Iglesia, porque él nunca traicionará vuestra confianza! Sólo Él puede satisfacer vuestros anhelos más profundos y dar pleno sentido a vuestras vidas, orientándolas al servicio de los demás. Mantened vuestra mirada fija en Jesús y su bondad y proteged la llama de la fe en vuestros corazones. Espero en vosotros para que, junto con vuestros hermanos católicos en Irlanda, seáis fieles discípulos de nuestro Señor y aportéis el entusiasmo y el idealismo tan necesarios para la reconstrucción y la renovación de nuestra amada Iglesia.


A los sacerdotes y religiosos de Irlanda 
Todos nosotros estamos sufriendo las consecuencias de los pecados de nuestros hermanos que han traicionado una obligación sagrada o no han afrontado de forma justa y responsable las denuncias de abusos. A la luz del escándalo y la indignación que estos hechos han causado, no sólo entre los fieles laicos, sino también entre vosotros y vuestras comunidades religiosas, muchos os sentís desanimados e incluso abandonados. Soy también consciente de que a los ojos de algunos aparecéis tachados de culpables por asociación, y de que os consideran como si fuerais de alguna forma responsables de los delitos de los demás. En este tiempo de sufrimiento, quiero dar acto de vuestra dedicación cómo sacerdotes y religiosos y de vuestro apostolado, y os invito a reafirmar vuestra fe en Cristo, vuestro amor por su Iglesia y vuestra confianza en las promesas evangélicas de la redención, el perdón y la renovación interior. De esta manera, podréis demostrar a todos que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (cf. Rm 5, 20).



        Sé que muchos estáis decepcionados, desconcertados y encolerizados por la manera en que algunos de vuestros superiores abordaron esas cuestiones. Sin embargo, es esencial que cooperéis estrechamente con los que ostentan la autoridad y colaboréis en garantizar que las medidas adoptadas para responder a la crisis sean verdaderamente evangélicas, justas y eficaces. Por encima de todo, os pido que seáis cada vez más claramente hombres y mujeres de oración, que siguen con valentía el camino de la conversión, la purificación y la reconciliación. De esta manera, la Iglesia en Irlanda cobrará nueva vida y vitalidad gracias a vuestro testimonio del poder redentor de Dios que se hace visible en vuestras vidas.


11. A mis hermanos, los obispos
        No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores han fracasado, a veces lamentablemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones. Reconozco que era muy difícil comprender la magnitud y la complejidad del problema, obtener información fiable y tomar decisiones adecuadas en función de los pareceres contradictorios de los expertos. No obstante, hay que reconocer que se cometieron graves errores de juicio y hubo fallos de dirección. Todo esto ha socavado gravemente vuestra credibilidad y eficacia. Aprecio los esfuerzos llevados a cabo para remediar los errores del pasado y para garantizar que no vuelvan a ocurrir. Además de aplicar plenamente las normas del derecho canónico concernientes a los casos de abusos de niños, seguid cooperando con las autoridades civiles en el ámbito de su competencia. Está claro que los superiores religiosos deben hacer lo mismo. También ellos participaron en las recientes reuniones en Roma con el propósito de establecer un enfoque claro y coherente de estas cuestiones. Es imperativo que las normas de la Iglesia en Irlanda para la salvaguardia de los niños sean constantemente revisadas y actualizadas y que se apliquen plena e imparcialmente, en conformidad con el derecho canónico.


        Sólo una acción decisiva llevada a cabo con total honestidad y transparencia restablecerá el respeto y el afecto del pueblo irlandés por la Iglesia a la que hemos consagrado nuestras vidas. Hay que empezar, en primer lugar, por vuestro examen de conciencia personal, la purificación interna y la renovación espiritual. El pueblo de Irlanda, con razón, espera que seáis hombres de Dios, que seáis santos, que viváis con sencillez, y busquéis día tras día la conversión personal. Para ellos, en palabras de San Agustín, sois un obispo, y sin embargo, con ellos estáis llamados a ser un discípulo de Cristo (cf. Sermón 340, 1). Os exhorto a renovar vuestro sentido de responsabilidad ante Dios, para crecer en solidaridad con vuestro pueblo y profundizar vuestra atención pastoral con todos los miembros de vuestro rebaño. En particular, preocupaos por la vida espiritual y moral de cada uno de vuestros sacerdotes. Servidles de ejemplo con vuestra propia vida, estad cerca de ellos, escuchad sus preocupaciones, ofrecedles aliento en este momento de dificultad y alimentad la llama de su amor por Cristo y su compromiso al servicio de sus hermanos y hermanas.


        Asimismo, hay que alentar a los laicos a que desempeñen el papel que les corresponde en la vida de la Iglesia. Aseguraos de su formación para que puedan, articulada y convincentemente, dar razón del Evangelio en medio de la sociedad moderna (cf. 1 Pet 3, 15), y cooperen más plenamente en la vida y misión de la Iglesia. Esto, a su vez, os ayudará a volver a ser guías y testigos creíbles de la verdad redentora de Cristo.


12. A todos los fieles de Irlanda
        La experiencia de un joven en la Iglesia debería siempre fructificar en su encuentro personal y vivificador con Jesucristo, dentro de una comunidad que lo ama y lo sustenta. En este entorno, habría que animar a los jóvenes a alcanzar su plena estatura humana y espiritual, a aspirar a los altos ideales de santidad, caridad y verdad y a inspirarse en la riqueza de una gran tradición religiosa y cultural. En nuestra sociedad cada vez más secularizada en la que incluso los cristianos a menudo encuentran difícil hablar de la dimensión trascendente de nuestra existencia, tenemos que encontrar nuevas modos para transmitir a los jóvenes la belleza y la riqueza de la amistad con Jesucristo en la comunión de su Iglesia. Para resolver la crisis actual, las medidas que contrarresten adecuadamente los delitos individuales son esenciales pero no suficientes: hace falta una nueva visión que inspire a la generación actual y a las futuras generaciones a atesorar el don de nuestra fe común. Siguiendo el camino indicado por el Evangelio, observando los mandamientos y conformando vuestras vidas cada vez más a la figura de Jesucristo, experimentaréis con seguridad la renovación profunda que necesita con urgencia nuestra época. Invito a todos a perseverar en este camino.


        13. Queridos hermanos y hermanas en Cristo, profundamente preocupado por todos vosotros en este momento de dolor, en que la fragilidad de la condición humana se revela tan claramente, os he querido ofrecer palabras de aliento y apoyo. Espero que las aceptéis como un signo de mi cercanía espiritual y de mi confianza en vuestra capacidad para afrontar los retos del momento actual, recurriendo, como fuente de renovada inspiración y fortaleza a las nobles tradiciones de Irlanda de fidelidad al Evangelio, perseverancia en la fe y determinación en la búsqueda de la santidad. En solidaridad con todos vosotros, ruego con insistencia para que, con la gracia de Dios, las heridas inflingidas a tantas personas y familias puedan curarse y para que la Iglesia en Irlanda experimente una época de renacimiento y renovación espiritual


14. Quisiera proponer, además, algunas medidas concretas para abordar la situación.

Al final de mi reunión con los obispos de Irlanda, les pedí que la Cuaresma de este año se considerase un tiempo de oración para la efusión de la misericordia de Dios y de los dones de santidad y fortaleza del Espíritu Santo sobre la Iglesia en vuestro país. Ahora os invito a todos a ofrecer durante un año, desde ahora hasta la Pascua de 2011, la penitencia de los viernes para este fin. Os pido que ofrezcáis el ayuno, las oraciones, la lectura de la Sagrada Escritura y las obras de misericordia por la gracia de la curación y la renovación de la Iglesia en Irlanda. Os animo a redescubrir el sacramento de la Reconciliación y a utilizar con más frecuencia el poder transformador de su gracia.



        Hay que prestar también especial atención a la adoración eucarística, y en cada diócesis debe haber iglesias o capillas específicamente dedicadas a ello. Pido a las parroquias, seminarios, casas religiosas y monasterios que organicen períodos de adoración eucarística, para que todos tengan la oportunidad de participar. Mediante la oración ferviente ante la presencia real del Señor, podéis cumplir la reparación por los pecados de abusos que han causado tanto daño y al mismo tiempo, implorar la gracia de una fuerza renovada y un sentido más profundo de misión por parte de todos los obispos, sacerdotes, religiosos y fieles.


        Estoy seguro de que este programa conducirá a un renacimiento de la Iglesia en Irlanda en la plenitud de la verdad de Dios, porque la verdad nos hace libres (cf. Jn 8, 32).


        Además, después de haber rezado y consultado sobre el tema, tengo la intención de convocar una Visita Apostólica en algunas diócesis de Irlanda, así como en los seminarios y congregaciones religiosas. La visita tiene por objeto ayudar a la Iglesia local en su camino de renovación y se establecerá en cooperación con las oficinas competentes de la Curia Romana y de la Conferencia Episcopal Irlandesa. Los detalles serán anunciados en su debido momento.

        También propongo que se convoque una misión a nivel nacional para todos los obispos, sacerdotes y religiosos. Espero que gracias a los conocimientos de predicadores expertos y organizadores de retiros en Irlanda, y en otros lugares, mediante la revisión de los documentos conciliares, los ritos litúrgicos de la ordenación y profesión, y las recientes enseñanzas pontificias, lleguéis a una valoración más profunda de vuestras vocaciones respectivas, a fin de redescubrir las raíces de vuestra fe en Jesucristo y de beber a fondo en las fuentes de agua viva que os ofrece a través de su Iglesia.



        En este año dedicado a los sacerdotes, os propongo de forma especial la figura de San Juan María Vianney, que tenía una rica comprensión del misterio del sacerdocio. "El sacerdote –escribió– tiene la llave de los tesoros de los cielos: es el que abre la puerta, es el mayordomo del buen Dios, el administrador de sus bienes". El cura de Ars entendió perfectamente la gran bendición que supone para una comunidad un sacerdote bueno y santo: "Un buen pastor, un pastor conforme al corazón de Dios es el tesoro más grande que Dios puede dar a una parroquia y uno de los más preciosos dones de la misericordia divina ".Que por la intercesión de San Juan María Vianney se revitalice el sacerdocio en Irlanda y toda la Iglesia en Irlanda crezca en la estima del gran don del ministerio sacerdotal.


        Aprovecho esta oportunidad para dar las gracias anticipadamente a todos aquellos que ya están dedicados a la tarea de organizar la Visita Apostólica y la Misión, así como a los muchos hombres y mujeres en toda Irlanda que ya están trabajando para proteger a los niños en los ambientes eclesiales. Desde el momento en que se comenzó a entender plenamente la gravedad y la magnitud del problema de los abusos sexuales de niños en instituciones católicas, la Iglesia ha llevado a cabo una cantidad inmensa de trabajo en muchas partes del mundo para hacerle frente y ponerle remedio. Si bien no se debe escatimar ningún esfuerzo para mejorar y actualizar los procedimientos existentes, me anima el hecho de que las prácticas vigentes de tutela, adoptadas por las iglesias locales, se consideran en algunas partes del mundo, un modelo para otras instituciones.

        Quiero concluir esta carta con una Oración especial por la Iglesia en Irlanda, que os dejo con la atención que un padre presta a sus hijos y el afecto de un cristiano como vosotros, escandalizado y herido por lo que ha ocurrido en nuestra querida Iglesia. Cuando recéis esta oración en vuestras familias, parroquias y comunidades, la Santísima Virgen María os proteja y guíe a cada uno de vosotros a una unión más estrecha con su Hijo, crucificado y resucitado. Con gran afecto y confianza inquebrantable en las promesas de Dios, os imparto a todos mi bendición apostólica como prenda de fortaleza y paz en el Señor.

        Desde el Vaticano, 19 de marzo de 2010, Solemnidad de San José,
Benedictus PP XVI

martes, 23 de marzo de 2010

Pánico Moral

Rafael Navarro-Valls, catedrático de Derecho en la Universidad Complutense y Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, publicó ayer en "el Mundo" este artículo. Aconsejo leerlo con calma.
Un tribunal de la Haya decidió en julio de 2006 que el partido pedófilo Diversidad, Libertad y Amor Fraternal ( PNVD, siglas holandesas) , “ no puede ser prohibido, ya que tiene el mismo derecho a existir que cualquier otra formación”. Los objetivos de este partido político eran: reducir la edad de consentimiento (12 años) para mantener relaciones sexuales, legalizar la pornografía infantil, respaldar la emisión de porno duro en horario diurno de televisión y autorizar la zoofilia. El partido acaba de disolverse esta misma semana. Al parecer, ha contribuido decisivamente la “dura campaña” lanzada desde todos los frentes, internet incluido, por el sacerdote católico F.Di Noto, implacable en la lucha contra la pedofilia.

Esta buena noticia - cuyo protagonista es un sacerdote católico - coincide con otra mala, protagonizada también por sacerdotes de esta confesión. Me refiero a la tempestad mediática desatada por abusos sexuales de algunos clérigos sobre menores de edad. Estos son los datos: 3.000 casos de sacerdotes diocesanos involucrados en delitos cometidos en los últimos cincuenta años, aunque no todos declarados culpables por sentencia condenatoria. Según Charles J. Sicluna – algo así como el fiscal general del organismo de la Santa Sede encargado de estos delitos - : “ el 60% de estos casos son de ‘efebofilia’, o sea de atracción sexual por adolescentes del mismo sexo; el 30% son de relaciones heterosexuales, y el 10%, de actos de pederastia verdadera y propia, esto es, por atracción sexual hacia niños impúberes. Estos últimos, son unos trescientos. Son siempre demasiados, pero hay que reconocer que el fenómeno no está tan difundido como se dice”.

Efectivamente, si se tiene en cuenta que hoy existen unos 500.000 sacerdotes diocesanos y religiosos, esos datos –sin dejar de ser tristes, - suponen un tanto por ciento no superior al 0.6%. El trabajo científico más sólido que conozco de autor no católico es el del profesor Philip Jenkins, Pedophiles and Priest, Anatomy of a Contemporary Crisis ( Oxford University Press). Su tesis es que la proporción de clérigos con problemas de desorden sexual es menor en la Iglesia Católica que en otras confesiones. Y, sobre todo, mucho menor que en otros modelos institucionales de convivencia organizada. Si en la Iglesia Católica pueden ahora resaltar más - y antes- es por la centralización eclesiástica de Roma, que permite recoger información, contabilizar y conocer los problemas con más inmediatez que en otras instituciones y organizaciones, confesionales o no.

Hay dos ejemplos recientes que confirman los análisis de Jenkins. Los datos que acaban de facilitar las autoridades austríacas indican que, en un mismo período de tiempo, los casos de abusos sexuales señalados en instituciones vinculadas a la Iglesia han sido 17, mientras que en otros ambientes eran 510. Según un informe publicado por Luigi Accatoli ( un clásico del Corriere della Sera) , de los 210.000 casos de abusos sexuales registrados en Alemania desde 1995, solamente 94 corresponden a personas e instituciones de la Iglesia católica. Eso supone un 0,045% .

Me da la impresión de que se está generando un clima artificial de “pánico moral”, al que no es ajeno cierta pandemia mediática o literaria centrada en las “desviaciones sexuales del clero”, convertidas en una suerte de pantano moral. Nada nuevo, por otra parte, pero que ahora alcanza cotas desproporcionadas, al conocerse hace unos días los casos ocurridos en Alemania, Austria y Holanda. La campaña recuerda las leyendas negras sobre el tema en la Europa Medieval, la Inglaterra de los Tudor, la Francia revolucionaria o la Alemania nacional-socialista.

Coincido con Jenkins cuando observa : “ el poder propagandístico permanente de la cuestión pedófila fue uno de los medios de propaganda y acoso utilizados por los políticos, en su intento de romper el poder de la Iglesia católica alemana, especialmente en el ámbito de la educación y servicios sociales”. Esta idea es ilustrativa, si se piensa en aquel comentario de Himmler : “ nadie sabe muy bien lo que ocurre tras los muros de los monasterios y en las filas de la comunidad de Roma…" Hoy también se mezcla la información de datos y hechos con insinuaciones y equívocos provocados. Al final, la impresión es que la única culpable de esa triste situación es la Iglesia católica y su moral sexual.

Dicho esto, es evidente que el problema tiene la gravedad suficiente para abordarlo sin oblicuidades. Vayamos a sus causas. Debo reconocer que me llamó la atención el énfasis que Benedicto XVI puso en la reiterada condena de estos abusos en su viaje a Estados Unidos. Los analistas esperaban, desde luego, alguna referencia al tema. Pero sorprendió que por cuatro veces aludiera a estos escándalos. Y es que, en realidad, esta cuestión hunde sus raíces en los años sesenta y setenta, pero estalla a principios del nuevo milenio con sus repercusiones patrimoniales y de reparación para las víctimas.

Algo, pensaba yo, que pertenece al pasado. A un pasado que coincidió con la llamarada de la revolución sexual de los sesenta. Por entonces se descubrió, entre otras filias y fobias, la “novedad” de la pedofilia, apuntando, entre otros objetivos, a la demolición de las “murallas” levantadas para impedir el contacto erótico entre adultos y menores. ¿Quién no recuerda – en torno a aquellos años - a Mrs Robinson y a Lolita…? Si se hurga un poco comprobaremos que algunos de los más inflexibles “moralistas” actuales, fueron apóstoles activos de la liberación sexual de los sesenta/setenta.

Esta revolución ha marcado a una cultura y a su época, dejando una profunda huella, que contagió también a ciertos ambientes clericales. Así, algunas Universidades católicas de América y Europa desarrollaron enseñanzas con una concepción equívoca de la sexualidad humana y de la teología moral. Al igual que toda una generación, algunos de los seminaristas no fueron inmunes y actuaron luego de modo indigno. Contra esa podredumbre se enfrentó decididamente Juan Pablo II, cancelando el permiso de enseñar en esas Universidades a algunos docentes, entre ellos a Charles Curran, exponente cualificado de aquella corriente.

Benedicto XVI, no obstante las raíces antiguas del problema, decidió actuar con tolerancia cero en algo que mancha el honor del sacerdocio y la integridad de las víctimas. De ahí sus reiteradas referencias al tema en Estados Unidos y su rápida reacción convocando a Roma a los responsables, cuando el problema estalló en algunas diócesis irlandesas. De hecho acaba de hacerse pública una dura carta a la Iglesia en Irlanda donde el Papa viene a llamar “traidores” a los culpables de los abusos y anuncia, entre otras medidas, una rigurosa inspección en diócesis, seminarios y organizaciones religiosas.

Resulta sarcástico el intento de involucrarle ahora en escándalos sexuales de algún sacerdote de la diócesis que regentó hace años el arzobispo Ratzinger. Sobre todo si se piensa que fue precisamente el cardenal Ratzinger quien, como prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, firmó el 18 de mayo de 2001 la circular De delictis gravioribus' (“crímenes más graves”) con duras medidas ejecutivas contra esos comportamientos. El propio hecho de reservar a la Santa Sede juzgar los casos de pedofilia (junto con los atentados contra los sacramentos de la Eucaristía y la Confesión) subraya la gravedad que les confiere, así como el propósito de que el juicio no aparezca “condicionado” por otras instancias locales, potencialmente más influenciables.

Desde luego, en todas partes cuecen habas. Nigel Hamilton ha escrito sobre la presidencia de EE.UU: “En la Casa Blanca hemos tenido a violadores, mariposones, y, para decirlo suavemente, personas con preferencias sexuales poco habituales. Hemos tenido asesinos, esclavistas, estafadores, alcohólicos, ludópatas y adictos de todo tipo. Cuando un amigo le preguntó al presidente Kennedy por qué permitía que su lujuria interfiriese en la seguridad nacional, respondió: "No puedo evitarlo".

Ante el problema, la Iglesia es una de las pocas instituciones que no ha cerrado las ventanas ni atrancado las puertas hasta que pase la tormenta. No se ha acurrucado en sí misma “hasta que los bárbaros se retiren a los bosques”. Ha plantado cara al problema, ha endurecido su legislación, ha pedido perdón a las víctimas, las ha indemnizado y se ha tornado implacable con los agresores. Denunciemos los errores, desde luego, pero seamos justos con quienes sí quieren –a diferencia de Kennedy- evitarlos.

viernes, 19 de marzo de 2010

Virtud y liderazgo: Una necesidad vital

Hacer de las virtudes la base de la excelencia personal y la actividad profesional resulta más necesario que nunca para hacer frente a la crisis actual, sobre todo social y de valores. Hoy, sobre todo, hemos de pedir ante todo, a los que ocupan puestos políticos y de dirección, que "su personalidad sea buena", es decir, "que sean buenas personas". Si no, sencillamente, no nos sirven, no sirven al bien común. Doy gracias al autor, mi buen amigo Alexandre Dianine-Havard  por la claridad de sus ideas, que ya compartí el pasado verano en los Países Bálticos, y animo a hacerse con esa obra clarividente y fundamental.

Este libro es fruto de la incansable actividad del autor que ha impartido en numerosos países su seminario sobre Liderazgo y Excelencia a directivos del sector privado y público, a formadores, a altos funcionarios y a estudiantes de MBA. A partir de las vidas y del ejemplo de algunos de los políticos, intelectuales y líderes religiosos más importantes de los tiempos modernos, amén de la experiencia personal del autor, este libro demuestra que liderazgo y virtud no solo son compatibles, sino que son realmente sinónimos.

Novedoso en cuanto su conceptualización, clásico por sus referencias, Perfil del líder ofrece un método concreto y práctico para lograr un auténtico crecimiento interior, pensado especialmente para todos aquellos inmersos en las preocupaciones profesionales pero que quieren imbuir sus vidas de un propósito trascendente. De este modo, este libro pretende convertirse en una auténtica guía para la búsqueda de la excelencia personal.

"Este libro es apasionante. Siempre es importante partir de la realidad en todos los ámbitos pero en particular al hablar del misterio que es el hombre..." (François Michelin, antiguo presidente del Grupo Michelin).

"El liderazgo no es una vocación para unos pocos, sino para muchos", dice Alexandre Havard. De hecho, yo añadiría que el tipo de liderazgo del que habla -el liderazgo en virtudes- es la vocación de todas las personas. Hacia un liderazgo virtuoso es un libro perenne. "Después de leerlo, te encontrarás citando muchas de sus frases brillantes sin casi darte cuenta" (Sari Essayah, miembro del Parlamento Europeo y Campeón del Mundo de Atletismo en 1993).

Alexandre Dianine-Havard, de origen ruso, georgiano y francés, es presidente y fundador del Havard Virtuous Leadership Institute (www.hvli.org), cuyo producto estrella, el seminario Liderazgo y Excelencia, hace de las virtudes clásicas la base de la excelencia personal y de la actividad profesional. Ha dirigido este seminario en numerosos países, a directivos de la empresa privada y del sector público, a formadores, a altos funcionarios y a estudiantes de MBA. Es diplomado en Derecho por la Universidad René Descartes (París V), y ha ejercido como abogado en diversos países europeos, como Bélgica y Finlandia. Desde 2007 vive en Moscú donde imparte el seminario sobre liderazgo a hombres de negocios y estudiantes universitarios.

Autor: Alexandre Dianine-Havard
Colección: Mundo y Cristianismo
Publico: Público en general
ISBN: 978-84-9840-363-3
1ª edición14,90 € (sin IVA)15,50 € (con IVA)
Páginas: 208
http://www.edicionespalabra.es/default.asp

miércoles, 17 de marzo de 2010

Eduardo Hertfelder: "Las familias ya se han cansado de que el PSOE implemente leyes regresivas y después el PP las consolide"


El Foro Española de la Familia (FEF) y el Instituto de Política Familiar pidieron hoy al Partido Popular que se comprometa a derogar la Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) en el hipotético caso de que llegase al Gobierno de España. Según manifestaron a Europa Press fuentes del Foro de la Familia, «es lo coherente y razonable» por parte del PP. Por su parte, el presidente del IPF, Eduardo Hertfelder, indicó que las familias «ya se han cansado de que el PSOE implemente leyes regresivas para con la familia y la vida y después el PP las consolide».

El presidente del IPF recordó al PP que "sólo con un compromiso claro, rotundo y sin ambigüedades de Mariano Rajoy y refrendado en la incorporación a su programa electoral sería considerado válido por el movimiento cívico".

"Sería un error muy grave para el PP en general y para Rajoy en particular -concluyó Hertfelder- el intentar ignorar el movimiento cívico con palabras ambiguas. Sería considerado un nuevo engaño y tendría graves repercusiones en su electorado".

Estas solicitudes se suman a la ya efectuada por la plataforma Hazteoir.org y otras asociaciones con la marcha del pasado 7 de marzo en Madrid y con numerosas concentraciones en España, Europa y Latinoamérica.

sábado, 13 de marzo de 2010

Miguel Delibes: Aborto libre y progresismo




Por Miguel Delibes


El caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para estos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire.

Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia. En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante.

Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto, y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podía recurrir.

Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.

viernes, 12 de marzo de 2010

La confesión, espacio para un “diálogo de salvación”, revela el Papa



Al recibir a los participantes de un curso de la Penitenciaría Apostólica

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 11 de marzo de 2010 (ZENIT.org).- En el sacramento de la Penitencia, debe desarrollarse un “diálogo de salvación” en el que Dios muestra su amor y la persona reconoce su pecado y se introduce en una dinámica de conversión.

Lo indicó el Papa Benedicto XVI este jueves en el Vaticano, al recibir en audiencia a los sacerdotes participantes del Curso anual sobre Fuero Interno que, promovido por la Penitenciaría Apostólica, se está celebrando en el Vaticano del 8 al 12 de marzo.

Benedicto XVI se refirió a la experiencia de “diálogo de salvación que, naciendo de la certeza de ser amados por Dios, ayuda al hombre a reconocer el propio pecado y a introducirse, progresivamente, en esa estable dinámica de conversión del corazón, que lleva a la radical renuncia al mal y a una vida según Dios”.

Destacó que “es tarea del sacerdote favorecer esa experiencia” y explicó el método del Santo Cura de Ars para que se desarrolle ese “diálogo de salvación” en la confesión.

“San Juan María Vianney sabía entablar con los penitentes un verdadero y apropiado 'diálogo de salvación' mostrando la belleza y la grandeza de la bondad del Señor y suscitando ese deseo de Dios y del cielo, del que los santos son los primeros portadores”, subrayó.

Para vivir el ministerio de confesor con la heroicidad y fecundidad con las que lo vivió san Juan María Vianney, el Papa señaló en primer lugar la necesidad de una “intensa dimensión penitencial personal”.

“La conciencia del propio límite y la necesidad de recurrir a la misericordia divina para pedir perdón, para convertir el corazón y para ser sostenido en el camino de santidad, son fundamentales en la vida del sacerdote”, explicó.

Y añadió: “Sólo quien ha experimentado primero la grandeza puede ser convincente anunciador y administrador de la misericordia de Dios”.

Por otra parte, continuó, “todo sacerdote se convierte en ministro de la Penitencia por la configuración ontológica a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, que reconcilia a la humanidad con el Padre”.

Al mismo tiempo, recordó Benedicto XVI, “la fidelidad al administrar el Sacramento de la Reconciliación es confiada a la responsabilidad del presbítero”.

Siguiendo el método del Santo Cura de Ars, el Pontífice señaló la importancia de vivir “con radicalidad el espíritu de oración, la relación personal e íntima con Cristo, la celebración de la Misa, la adoración eucarística y la pobreza evangélica”.

De esta manera, el sacerdote, como el santo francés, “hace de la iglesia su casa para conducir a los hombres a Dios” y muestra a sus contemporáneos “un signo tan evidente de la presencia de Dios”, que empuja “a muchos penitentes a acercarse a su confesonario”.

El Papa destacó también que, “en las condiciones de libertad en las que hoy es posible ejercer el ministerio sacerdotal, es necesario que los presbíteros vivan en “alto grado” la propia respuesta a la vocación”.

Y ello “porque sólo quien se convierte cada día en presencia viva y clara del Señor puede suscitar en los fieles el sentido de pecado, dar ánimo y suscitar el deseo del perdón de Dios”.

En este punto, Benedicto XVI afirmó que “es necesario volver al confesonario, como lugar en el que celebrar el sacramento de la Reconciliación, pero también como lugar en el que “habitar” más a menudo”.

La presencia del sacerdote en el confesonario es una ayuda “para que el fiel pueda encontrar misericordia, consejo y consuelo, sentirse amado y comprendido por Dios y experimentar la presencia de la Misericordia Divina, junto a la Presencia real en la Eucaristía”, indicó.

En su discurso, el Pontífice se refirió también a la “crisis” del sacramento de la Penitencia, que “interpela en primer lugar a los sacerdotes y a su gran responsabilidad de educar al Pueblo de Dios en las radicales exigencias del Evangelio”.

Para el Papa, el contexto cultural actual, “marcado por la mentalidad hedonista y relativista, que tiende a suprimir a Dios del horizonte de la vida” “hace todavía más urgente el servicio de administradores de la misericordia divina”.

“No debemos olvidar, de hecho, que hay una especie de círculo vicioso entre el ofuscamiento de la experiencia de Dios y la pérdida de sentido de pecado”, indicó.

Benedicto XVI señaló que la crisis del sacramento de la Penitencia pide a los sacerdotes “dedicarse generosamente” a escuchar confesiones sacramentales, “guiar con coraje a la grey, para que no se conforme a la mentalidad de este mundo”, tener ellos mismos “una permanente tensión ascética” y actualizarse constantemente en el estudio de la teología moral y de las ciencias humanas.

“¡Qué extraordinario ministerio nos ha confiado el Señor!”, dijo a los participantes del curso sobre la correcta administración de la Penitencia.

“Como en la Celebración Eucarística Él se pone en manos del sacerdote para continuar estando presente en medio de su Pueblo, análogamente, en el Sacramento de la Reconciliación Él se confía al sacerdote para que los hombres hagan la experiencia del abrazo con el que el padre acoge a su hijo pródigo”, exclamó.

Finalmente, pidió que “la Virgen María y el Santo Cura de Ars nos ayuden a experimentar en nuestra vida la amplitud, la longitud, la altura y la profundidad del Amor de Dios, para ser fieles y generosos administradores”.

El Papa apreció la participación de los sacerdotes en este curso (cf. Zenit 8 de marzo de 2010), de “temática esencial para el ministerio y la vida de los presbíteros”.

Y animó a los sacerdotes a aprender del Santo Cura de Ars, además del método del “diálogo de salvación” que debe desarrollarse en la confesión, “una confianza inagotable en el Sacramento de la Penitencia, que nos anima a colocarlo en el centro de nuestras preocupaciones pastorales”.

[Por Patricia Navas]

Educación sexual en una Ley de Horror


Con esta Ley, y dada la mentalidad que hay detrás, en la que lo único importante es poner la sexualidad al servicio del placer, mucho nos tememos que como ya ha sucedido en diversos lugares, se trate en la educación sexual de pervertir a nuestros chavales mostrándoles cómo practicar los diversos tipos de sexo.

Por Pedro Trevijano

Ante la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo, quiero hacer referencia a los problemas que plantea esta ley en torno a la educación sexual. Veamos lo que dice la Ley:

“Artículo 5. Objetivos de la actuación de los poderes públicos.

1. Los poderes públicos en el desarrollo de sus políticas sanitarias, educativas y sociales garantizarán:

a) La información y la educación afectivo sexual y reproductiva en los contenidos formales del sistema educativo…

e) La educación sanitaria integral y con perspectiva de género sobre salud sexual y salud reproductiva.

f) La información sanitaria sobre anticoncepción y sexo seguro que prevenga, tanto las enfermedades e infecciones de transmisión sexual, como los embarazos no deseados”.

Aquí nos encontramos ya con varios problemas: ¿corresponde al Estado dar la educación sexual? Y ¿qué significa en concreto lo de la perspectiva de género?

La primera pregunta tiene fácil contestación. Según la Declaración de Derechos Humanos de la ONU art. 26.3: “Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”, y la Constitución española dice en su art. 27.3: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Es decir corresponde a los padres, no al Estado, decidir qué tipo de convicciones morales han de inculcarse a sus hijos. Con esta Ley el Estado se arroga funciones propias de los padres y al quebrantar los derechos humanos, incide en el totalitarismo.

En cuanto a la segunda pregunta, la perspectiva de género, tiende a cancelar la diferencia entre ambos sexos, considerándola como un simple efecto de un condicionamiento histórico-cultural. En esta línea, la diferencia entre los “géneros” humanos, no es natural, sino que aparece en el curso de la historia, es creada por la sociedad y es, por tanto, cultural. La diferencia corpórea, llamada sexo, se minimiza, mientras la dimensión estrictamente cultural, llamada género, se subraya al máximo y se considera primaria, hasta el punto de que cada individuo escoge el sexo y el modo de vida que más le atrae, no admitiéndose que la naturaleza y sus presupuestos biológicos tengan algo que decir. Para esta antropología, que pretende favorecer perspectivas igualitarias para la mujer, liberándola de todo determinismo biológico e incluso de la distinción de sexos misma; homo, hetero y bisexualidad son igualmente válidas y tan solo una cuestión de preferencia. Esta concepción considera a la castidad como algo obsoleto e inspira ideologías que promueven, por ejemplo, liberar a los adolescentes y jóvenes de la supervisión familiar, facilitándoles el acceso a cualquier método de control de la fertilidad incluido el aborto, a fin que puedan disfrutar de una sexualidad satisfactoria y segura, libre de la amenaza de un hijo no deseado; así como cuestiona a la familia a causa de su índole natural biparental, esto es compuesta de padre y madre, y defiende el modelo de sexualidad polimorfa. Bajo la máscara del igualitarismo, se esconde la asimilación total y se prohíbe a la mujer su derecho a serlo y en consecuencia el de ser ella misma. Para un cristiano y para cualquier persona con sentido común, existe la dualidad de lo “masculino” y lo “femenino”, y gracias a esa dualidad, lo “humano” se realiza plenamente. Estamos en una sociedad enferma, donde hay que demostrar hasta lo obvio y evidente, como es que soy varón o mujer y en la que el relativismo nos quita el sentido común.

No nos extrañe por ello que los artículos 8 y 9 de la Ley recen así, aunque desde luego esta Ley hace cualquier cosa menos rezar:

“Artículo 8. Formación de profesionales de la salud.

La formación de profesionales de la salud se abordará con perspectiva de género e incluirá:

a) La incorporación de la salud sexual y reproductiva en los programas curriculares de las carreras relacionadas con la medicina y las ciencias de la salud, incluyendo la investigación y formación en la práctica clínica de la interrupción voluntaria del embarazo.

b) La formación de profesionales en salud sexual y salud reproductiva, incluida la práctica de la interrupción del embarazo.

c) La salud sexual y reproductiva en los programas de formación continuada a lo largo del desempeño de la carrera profesional.

d) En los aspectos formativos de profesionales de la salud se tendrán en cuenta la realidad y las necesidades de los grupos o sectores sociales más vulnerables, como el de las personas con discapacidad”.

“Artículo 9. Incorporación de la formación en salud sexual y reproductiva al sistema educativo.

El sistema educativo contemplará la formación en salud sexual y reproductiva, como parte del desarrollo integral de la personalidad y de la formación en valores, incluyendo un enfoque integral que contribuya a:

a) La promoción de una visión de la sexualidad en términos de igualdad y corresponsabilidad entre hombres y mujeres con especial atención a la prevención de la violencia de género, agresiones y abusos sexuales.

b) El reconocimiento y aceptación de la diversidad sexual.

c) El desarrollo armónico de la sexualidad acorde con las características de las personas jóvenes.

d) La prevención de enfermedades e infecciones de transmisión sexual y especialmente la prevención del VIH.

e) La prevención de embarazos no deseados, en el marco de una sexualidad responsable”.

Es indudable que muchos médicos y personal sanitario piensan que el sentido de su profesión, que muchos ven como una auténtica vocación, es ayudar y tratar de sanar a los enfermos, y desde luego, en ningún caso, con una gloriosa tradición que arranca por lo menos con el juramento hipocrático, del siglo V antes de Cristo, matar al paciente. Encontramos en este juramento la siguiente frase: “Tampoco daré un abortivo a ninguna mujer”. No nos extrañe por ello que varias Facultades se hayan declarado objetoras a esta Ley, aunque debo advertir que estoy empleando la palabra Ley en sentido impropio, pues según la conocida definición de Santo Tomás: “Ley es ordenación de la razón al bien común…” y esta Ley, dedicada a favorecer el crimen abominable del aborto, no es verdadera Ley, pues no cumple la definición de Ley.

Con esta Ley, y dada la mentalidad que hay detrás, en la que lo único importante es poner la sexualidad al servicio del placer, mucho nos tememos que como ya ha sucedido en diversos lugares, se trate en la educación sexual de pervertir a nuestros chavales mostrándoles cómo practicar los diversos tipos de sexo, y sobre cómo enseñar a otros chavales a hacerlo, pues usar la sexualidad de modo responsable es tan solo para ellos utilizar el preservativo a fin de evitar embarazos y enfermedades sexuales, aunque su eficacia tan solo sea relativa. Es indudable que hay que advertir a los padres de lo que está sucediendo para que estén atentos y no permitan se destroce la vida de sus hijos.

El beso del sapo

Por Miguel Aranguren

Walt Disney es una compañía con fuerza para cambiar la tradición, que es el cobijo de los cuentos que pasan a la historia de la cultura popular. “Los tres cerditos” dejaron buena parte de su sabiduría por los recortes que exigió el guión de aquel corto que se llevó un Oscar. Nadie puede pensar hoy en los cochinillos anónimos sin las vestimentas con las que les disfrazaron los mercachifles de los estudios californianos. No fueron los únicos: “La sirenita” perdió buena parte de la melancolía propia de las criaturas marinas al ponerse dos caracolas a modo de bikini y enamorarse de un príncipe que parecía anunciar dentífrico. Exigencias del guión, claro, como a exigencias del guión se debe la pérdida de la inocencia de algunos de los personajes del nuevo largo de la factoría, “Tiana y el sapo”. Tenemos a otro príncipe, asalta alcobas, que no esconde sus pulsiones por el sexo opuesto, y a la protagonista, una niña negra de Nueva Orleáns, que pega unos besos de aquí no te menees, “besos de amor y en la boca”, como los catalogó mi hija en la sala de proyección, capaces de dejar sin aire al más pintado.

Tengo claro que Disney no se escapa al sino de los tiempos. Factura sus largometrajes con el propósito de gustar al mayor número de personas, papás y mamás incluidos, aunque echo en falta un poco más de intuición para llegar a quienes de verdad le importan, los niños, que son su público objetivo, aquel que después solicita con frenesí todos los cachivaches del merchandising que acompaña a cada película (y que me empuja a odiarlas, por empacho).

Entretener, divertir, hacer reír o provocar las lágrimas de un niño es mucho más complicado de lo que pudiera parecer. Son un público pequeño pero exigente. Quiero decir que tienen claro que los morreos de los monigotes de “Tiana y el sapo” les provocan una risa despectiva, como si sus héroes de pronto cayesen en las debilidades de esos adultos a los que tantas veces no comprenden.

domingo, 7 de marzo de 2010

“¿Cómo prevenir la homosexualidad?”

Reseña de juan domínguez al libro parent´s guide to prevening homosexaulity
Palabra. Madrid (2009). 208 págs. 16,50 €. Traducción: Ricardo Regidor Sánchez

La homosexualidad aparece hoy públicamente como una orientación sexual aceptada. Por ello, la labor educativa de los padres, sobre todo en el ámbito afectivo y sexual, resulta ahora más complicada; se requiere un esmero y una formación importante para hacer frente a la presión que hoy existe en este sentido en la opinión pública.

El matrimonio Nicolosi ha escrito este breve ensayo para orientar a los padres y resolver de forma adecuada sus dudas y problemas. Ambos son conocidos por su trabajo en la Asociación Nacional para la Investigación y la Terapia de la Homosexualidad (NARTH), y han practicado la llamada “terapia reparativa de la homosexualidad”, que busca ofrecer ayuda y respaldo psicológico a quienes desean vencer sus sentimientos homosexuales (cfr. Aceprensa 2-06-2009).

Los Nicolosi parten de un hecho: la confusión de género en la infancia y en la adolescencia es sobre todo un problema psicológico y, como tal, tiene tratamiento y puede curarse. Desde el punto de vista de la prevención, es necesario contar con los dos roles en el seno de la familia: se educa, sobre todo, con hechos y es el contexto familiar el que conforma la identidad de género (antes, incluso, que la escuela o la vida social).

Pero ¿cómo saber si un niño sufre el llamado Trastorno de Identidad de Género? Los Nicolosi ofrecen algunos indicadores con los que es posible determinar posibles problemas, a edad muy temprana, de forma que puedan ponerse los medios para corregir la orientación sin grandes traumas. Son indicadores referidos a hábitos y no conductas esporádicas y excéntricas. Sobre todo, se exige cautela, tranquilidad y sinceridad.

Mayor dificultad ofrece la adolescencia, en la que se mezclan confusiones no sólo sexuales (también familiares, personales, religiosas, etc.). En cualquier caso, con la ayuda de la terapia, el adolescente puede entender los déficits emocionales y los desequilibrios interiores como efectos del proceso de maduración de su identidad sexual. En el libro se destaca la importancia de que los padres acompañen a su hijo durante todo el desarrollo de la terapia y que compensen con su motivación y afecto los posibles y frecuentes momentos de desánimo.

Como prevenir la homosexualidad es, en definitiva, una guía que puede servir a los padres para prevenir conductas desorientadas o, en su caso, iniciar el tratamiento necesario. Se incluye numerosos testimonios y ejemplos de la experiencia clínica de los autores.

Se rompe un muro de silencio: honores a "The Economist"


“Gendercide”: la portada del último número de The Economist es de las que hacen época. El semanario inglés, que como se sabe no es una hoja parroquial, pone en primer plano la denuncia de una obviedad que muchos aparentaban no ver: el aborto selectivo que ha llevado a la desaparición de cien millones de niñas (por el hecho de ser niñas). The Economist subraya que ellos están a favor del aborto “safe, legal and rare” (en frase clintoniana), pero añade que aquí estamos ante una catástrofe cuyas consecuencias se están empezando a ver.

En realidad, la cifra de cien millones fue calculada hace veinte años por el economista indio Amartya Sen: hoy las cosas están mucho peor. Se mencionan concretamente las mentalidades y las políticas de China, de algunas regiones de India y de otros países asiáticos. En la parte del texto de libre acceso se pueden leer también juicios de valor (poco habituales) “sobre políticas que pervierten profundamente la vida familiar”. Aunque se refieran a China, es interesante que se califique una política como perversa: no todo es lo mismo ni aséptico.

Produce cierto confort, en efecto, que The Economist se haga eco de este problema. En mi opinión, se trata de una brecha significativa en el conformismo de la mentalidad abortista. A la enorme injusticia que supone la eliminación de millones de niñas se une la enorme injusticia de la eliminación de otros millones de seres humanos también pequeñitos e inocentes: a unos se les elimina por ser niñas, a otros por otras razones igualmente insostenibles.

A la mafia se le empieza a vencer cuando cae el muro de la “omertà”, del silencio que acaba siendo cómplice. También aquí es preciso que la prensa libre empiece a llamar a las cosas por su nombre.

Golpes de timón





La prensa ofrece con más frecuencia de lo que uno imagina, noticias que van un tanto contracorriente con lo que parecería que es la tendencia general. A modo de ejemplo, cito algunas que he visto, aquí y allá, en los últimos días.

La primera es una información sobre una joven magistrado italiana, Serena Riguzzi, que decide colgar la toga para entrar en un monasterio de clausura de carmelitas descalzas, cuando parecía que ya tenía resuelto el futuro. No se trata de un propósito desesperado tomado tras un desengaño amoroso ni nada de eso. Es una decisión muy meditada (leído en Libero, 2 de febrero).

La segunda noticia es la historia de un periodista italiano, Paolo Brosio, que después de años de “desenfreno, sexo y droga, con los que pretendía huir de la realidad” (muerte de su padre, abandono de su mujer, atentado contra un local de su propiedad), da un giro radical a su vida y lo va contando sin ñoñerías en colegios e institutos: “la Virgen me ha agarrado de la mano y me ha salvado” (leído en Il Giornale, 7 de febrero).

La tercera es sobre la actividad de Claudia Kroll, una actriz que protagonizó en los noventa algunas películas pornográficas y que ahora -después de años de profunda conversión y maduración- dirige un teatro para jóvenes, inspirada en la “Carta a los artistas de Juan Pablo II”. Cuando piensa en el pasado, dice, “veo que ha sido Dios quien me ha ayudado a cambiar de vida. Ahora, además, trabajo más que antes” (leído en Il Giornale, 23 de enero).

Teología moral para pre-adolescentes (caso real)

Por Fernando Hurtado Para que una acción sea buena ha de reunir tres condiciones: 1)    Que la acción considerada en sí misma sea...